Ostara, la celebración celta de la primavera.

Equinoccio de primavera… tiempo de oportunidades.

El mundo mágico de los Celtas se rige por la rueda del tiempo que marca ocho festividades fundamentales para el desarrollo de la vida.

Estos rituales ancestrales se relacionaban estrechamente con los cambios estacionales: los solsticios, equinoccios, las épocas de cosecha y siembra, de luz y oscuridad, de nacimiento y muerte.

Durante Ostara, una de las ocho festividades de la rueda del año celta, se celebra la llegada de la primavera, en esta oportunidad con rituales diurnas. Se festeja durante el equinoccio de primavera, en el hemisferio norte, cercano al 21 de marzo.

Esta celebración marca el fin del invierno, de la época oscura, donde el esposo hijo y amante de la Diosa, después de los meses invernales en la muerte, da inicio a la época del renacimiento y de la luz. Es la época en que la Diosa despierta de su descanso y cubre la tierra con su fertilidad, por lo cual se relaciona a la festividad con las deidades femeninas de la fertilidad, donde la Diosa, recupera su aspecto de doncella.

 

 

 

Según las antiguas leyendas celtas, para la naturaleza y sus criaturas el equinoccio es el momento del encuentro entre la Diosa y el Dios Niño, los rituales de sus bailes, del enamoramiento y la transformación.

El término viene del nombre de la antigua Diosa alemana de la fertilidad y de la primavera, Eostre, Oestara u Ostara, cuyo símbolos son las guaridas de las liebres, los huevos de los pájaros, las mariposas y sus larvas y la Luna nueva.

Es considerado el periodo del año en el cual los cuatro elementos: Aire, Fuego, Agua y Tierra, se encuentran en su fase de mayor potencia: el aire está alegre por los vientos suaves; el fuego de Aries empieza su obra de transformación; las lluvias de primavera quitan la sed y preparan los campos; la tierra está más exuberante que nunca.


 

Rituales Celtas 

 

 

 

 

Los Celtas celebran el equinoccio de primavera a través del símbolo del laberinto. Dibujaban en la tierra los espirales y los delimitaban con plantas y frutos. En los tiempos difíciles el laberinto significaba salida, apertura de nuevos caminos, cambios y renacimiento.

 

La leyenda de los huevos de la diosa Ostara

También utilizaban los huevos para representar la creación en algunos rituales debido a la creencia de que en ellos habia un “germen que brota y crea vida en su interior”. El renacimiento de la primavera lo simbolizaban con el huevo, decorándolos con los anagramas sagrados.

Cuanta la leyenda que la Diosa Madre convocó a todos los animales del bosque para celebrar el final del invierno. Todos quisieron obsequiarla con los mejores regalos, pero la liebre era muy pobre. Buscó y buscó en su madriguera pero lo único que tenía era un huevo. Lo cogió con cuidado, lo vació para preparar un postre que ofrecer a su Diosa.

 

 

 

 

 

 

Muchas son las maneras de celebrar Ostara en la vida moderna. Los celtas nos han legado rituales de su cultura milenaria transmitidas hasta nuestros tiempos: Se abren las ventanas para dejar que el viento cruce toda la casa, limpiando la influencia del invierno; se decora la casa con las flores de primavera y con velas en tonos amarillo, malva, celeste y verde; se cuidan las  flores nacientes en los jardines y en los campos; se preparan tartas y dulces que se decoran con huevos pintados, con colores alegres y luego estos se esconden en  los jardines, donde los niños juegan en divertidas competencias para encontrarlos; se disponen los huevos decorados en un círculo de velas color pastel junto con macetas con flores primaverales.

 

 

 

 

 

El equinoccio de primavera sigue siendo un momento propicio para comenzar nuevos proyectos, para comunicarnos con el mundo y fomentar la creación y la esperanza.

 


En el cristianismo, celebramos la resurrección de Jesús, Pascua o Easter, así como su mensaje de amor y vida para la humanidad.

Resurrección de Cristo, Tiziano 1542-44. Palacio Ducal de Urbino, Italia.


 

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