DE JOHN MAXWELL COETZEE

Las cicatrices son sitios por donde el alma

ha intentado marcharse y ha sido obligada a volver,

ha sido encerrada, cosida dentro.

La edad de hierro, 1990


John Maxwell Coetzee es un novelista sudafricano.  Nació en Ciudad del Cabo en 1940. Nacionalizado australiano en 2006; reside desde 2002 en la ciudad de Adelaida. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 2003 por «la brillantez a la hora de analizar la sociedad sudafricana», según el acta de la Academia Sueca, que destacó que «su obra está fuertemente marcada por la época del apartheid lo que, lejos de darle carácter local, la convierte en universal”.

Gran parte de sus escritos, marcados por un estilo simbólico y metafórico, cuestionan el régimen del apartheid y cualquier tipo de racismo, y exploran sus negativas consecuencias en el hombre y en la sociedad.

Puedes leer su biografía completa aquí:

Trabajar enfermo daña tu cerebro

 
“Estoy trabajando desde mi casa, porque estoy de reposo”.
“Tengo gripe, pero me llevo el laptop para la casa”.
 
“Me sentía mal, hice una transacción bancaria y me equivoque”.
 
“Me siento un poco mejor, así que decidí escribir el próximo capítulo de mi novela, y no se donde comenzar”.
 

¿Te suena familiar?

Pues sucede que a nuestro cerebro no le gusta trabajar cuando estamos enfermos, ya sea porque padecemos una gripe, un virus, una infección o una afección mayor.  Hacerlo, puede causar daños permanente a nuestro cerebro. 

Un cerebro enfermo es un cerebro poco inteligente, y de la misma manera que nuestro cuerpo se siente decaído, soñoliento, adolorido y sin energía, cuando estamos enfermos la habilidad de nuestro cerebro de pensar, sentir, aprender y reaccionar se ve reducida. 

Nuestro cerebro es un órgano extremadamente complejo y delicado que participa directa o indirectamente en todos los procesos corporales. Regula funciones como los latidos del corazón, el equilibrio de fluidos, la presión arterial, el equilibrio hormonal y la temperatura del cuerpo. Es responsable del movimiento, la cognición, el aprendizaje, la memoria, las emociones humanas y, por lo tanto, de la salud en general. Necesita mucha glucosa para funcionar en óptima condiciones; nuestro sistema inmunológico también necesita grandes cantidades de glucosa para atacar la enfermedad.

Tan pronto como nuestro cuerpo detecta un elemento invasor, nuestro sistema inmunológico entra en acción y desencadena la liberación de varios tipos específicos de citoquinas, una de las cinco bases nitrogenadas que forman parte de los ácidos nucleicos o ADN. Según una investigación del Concordia College en Minnesota, USA, estas pequeñas proteínas realizan muchas funciones diferentes, pero son básicamente los mensajeros de nuestro sistema inmunológico, y alertan al sistema nervioso central de que estamos enfermo y que necesita montar un contraataque. Mientras activan las defensas de nuestro sistema inmunológico, las citoquinas también alteran la química del cerebro, explica Andrew Smith, Ph.D., investigador de salud y psicólogo de la Cardiff University en el Reino Unido. 

Las investigaciones muestran que debido a ello, nuestro estado de ánimo es uno de los aspectos que mas cambia cuando uno se enferma. Tendemos a ponernos de mal genio y experimentar algo a lo que los psicólogos se refieren como «afecto negativo», que es un término elegante para “sentirse mal sobre usted mismo y la vida en general”.

Los experimentos del doctor Andrew Smith han encontrado que la avalancha de químicos liberados para combatir la enfermedad también afectan el rendimiento mental, específicamente el estado de alerta y el tiempo de reacción.

Revelan que la capacidad de nuestro cerebro para sintetizar información verbal también flaquea. Los cambios en la actividad de los lóbulos frontales del cerebro pueden ocasionar problemas con nuestras funciones psicomotoras, que incluyen coordinación, fuerza, velocidad y equilibrio. 

También hay evidencia de un experimento de la Southampton University  en el Reino Unido,  de que estar enfermo confunde la capacidad de nuestro cerebro para almacenar nueva información y recuerdos. Si bien las personas sometidas al experimento obtuvieron buenos resultados en la mayoría de las pruebas de memoria, su rendimiento se vio afectado cuando se trataba de repetir tareas que habían aprendido mientras estaban enfermos. Esto significa que estudiar o aprender una nueva habilidad mientras estamos enfermo no es muy recomendable.

Además de curar nuestro resfriado con mucho descanso y bastantes líquidos, los estudios indican que no hay mucho que se pueda hacer para compensar la desafortunada fuga de inteligencia asociada con la enfermedad. Pero al menos en lo que respecta a su estado de alerta, Smith ofrece una solución simple: cafeína. Su investigación muestra que un poco de café u otra bebida con cafeína puede ayudar a agudizar su cerebro incluso cuando no se encuentra bien.

A pesar de la preocupación que nos puede causar el reposo por una gripe u otra enfermedad, el quedarse en casa y descansar hasta estar totalmente restablecido es importante, porque según el University of Mississippi Medical Center en USA, tratar de apresurar nuestra recuperación  puede exacerbar los síntomas y retardar nuestra total curación. 

Así que ya sabes, la próxima vez que estes enfermo, no trabajes, duerme todo lo que puedas, y cuanto mucho y a raticos lee una buena novela, mejor poesía, y deja los ensayos para otro día. 

¡Tu cerebro te lo agradecerá!


Comparto esta interesante entrevista al Dr. Bruce Lipton.

Bruce Lipton es un doctor en biología celular y uno de los pioneros en investigaciones de epigenética. Estudio en la Universidad de Virginia en Charlottesville (1971).

Aunque muy controvertido dentro de la comunidad científica, no se trata de un gurú, ni de un pseudocientífico. Lipton impartió clases de Biología Celular en la facultad de Medicina de la Universidad de Wisconsin y más tarde desarrolló estudios pioneros de epigenética en la facultad de Medicina de la Universidad de Stanford que lo llevaron al convencimiento de que nuestro cuerpo puede cambiar si reeducamos nuestras creencias y percepciones limitantes. Afirma que “los pensamientos curan”. Aquí les dejo una interesante entrevista a ver que le parece su teoría. 

DE MIGUEL DE UNAMUNO

Hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento.

Miguel de Unamuno

Bilbao, 1864 – Salamanca, 1936

Mabon…la fiesta celta del agradecimiento

El equinoccio de otoño marca la llegada de la celebración celta de Mabon.

Como ya hemos comentado anteriormente, el mundo mágico de los Celtas se rige por la rueda del tiempo que marca ocho festividades fundamentales para el desarrollo de la vida llamadas los Sabbats: los hay Mayores y Menores.  

Estos rituales ancestrales se relacionaban estrechamente con los cambios estacionales: los solsticios y equinoccios, las épocas de cosecha y siembra, de luz y oscuridad, de nacimiento y muerte …el crecimiento, la decadencia y el reposo de la naturaleza.  

El calendario celta es solar-lunar y fue diseñado para alinear las lunaciones con el ciclo agrícola y por ello la posición astronómica exacta del Sol se consideraba menos importante, prevaleciendo la de la Luna. Las lunas llenas que marcaban el punto medio de cada cuarto del año dividido por los solsticios y los equinoccios llamados Sabbats Menores marcaban los comienzos de las estaciones: Yule, Ostara, Litha y Mabon; también determinaban las fechas durante las cuales se celebrarían las festividades lunares: Samhain, Imbolc, Beltane y Lughnasadh considerados los Sabbats Mayores cuando la energía de la naturaleza de cada una de las cuatro estaciones se encuentra en su grado máximo. El año celta comienza con la festividad de Samhain. Los celtas contaban el tiempo según el número de noches, los meses comenzaban con la luna llena y el cambio de fecha era la puesta del sol. 

¿Qué es el equinoccio de otoño?

El equinoccio de otoño llega al Hemisferio Norte el 22 de septiembre. La estación se extiende hasta el 21 de diciembre, cuando comienza la estación invernal con el equinoccio de invierno. 

La palabra equinoccio tiene su origen en el latín y significa «noche igual». La particularidad de esta fecha es que el día tiene la misma duración que la noche, al igual que sucede con el equinoccio de primavera. Los dos polos terrestres se encuentran a la misma distancia del Sol, lo que produce que se proyecte la misma luz en ambos hemisferios.

Astrológicamente, en este momento el Sol entra en el signo de Libra y el día y la noche igualan su duración.

Los ocho Sabbats cuentan cómo el Sol nace,

crece, corteja a la Tierra, la fertiliza, llega a su máximo esplendor,

madura, envejece y muere

…y vuelve a nacer.

La fiesta celta de Mabon

Se celebra entre el 21 y el 23 de septiembre. Es una celebración para dar gracias por los frutos que la tierra ha concedido y tomar conciencia de la necesidad de compartirlos para asegurar las bendiciones de la Diosa y el Dios durante los meses invernales.

El nombre deriva de «Mabon ap Modron», un personaje de la mitología celta. Proviene de la palabra galesa que significa “buen hijo” y simboliza el principio masculino de la fertilidad.

Es la época en la que el Dios se está preparando para morir en Samhain, y regresar al vientre de la Diosa, para renacer en Yule en su gran viaje de la renovación y el renacimiento. 

Los druidas la llamaban “Mea’n Fo’mhair”, que significa la segunda cosecha y honraban al Dios del Bosque representado como un hombre verde, ofreciendo libaciones de sidra y vino a los árboles.

Aunque la cosecha comenzaba a recogerse en la época de Lughnassadh, es en Mabon cuando se completa, y se agradecía por lo recogido, pidiendo una buena cosecha para el próximo año. Era tiempo de descansar luego de la ardua tarea. 

Era un momento de equilibrio: las fuerzas de la oscuridad y de la luz se encuentran en igualdad. Es el equinoccio y a partir de ese momento, la oscuridad ganará terreno hasta alcanzar su punto máximo en el Yule con el solsticio de invierno.

Para los pueblos celtas era el momento de mirar hacia atrás, reflexionando sobre los esfuerzos del pasado y alegrándonos por un trabajo bien hecho.  Pensaban que junto con la cosecha se recogían las semillas que contenían la promesa de la nueva vida en primavera; encerraba el misterio de la vida en la muerte. Lo consideraban una etapa de serenidad.

El mensaje mitológico de la fiesta de Mabon es que

se debe recordar y aceptar que todas las cosas tienen un final,

pero con la conclusión de que cada final comporta asi mismo

un nuevo comienzo.

Para las antiguas culturas celtas en otoño vuelve a morir la  naturaleza, disminuye su generosidad, preparándose para el invierno y su tiempo de descanso. Los árboles se despojan de sus hojas e invitan a soltar lo viejo y con el fin del ciclo, concentrarnos en la vejez y la muerte. Era un tiempo de agradecimiento, reflexión y recogimiento interior y templanza.

Mabon, última cosecha,

cuando las semillas ya caen

para fructificar en primavera.

La celebración

Era una fecha en la cual los druidas se relacionaban estrechamente y dirigían las ceremonias para la celebración. 

Algunas escuelas muy herméticas entre los druidas, que buscaban la sabiduría apartados y vivían en los bosques, se acercaban a los pueblos exclusivamente para estas celebraciones en las que oficiaban algunos de los ritos más importantes.

Los druidas, sobre todo los sacerdotes, se encargaban de presidir las festividades y organizar los ritos sagrados ya que ellos eran, además de líderes espirituales, jefes políticos y estrategas militares. Por otra parte los bardos, que eran los poetas y los narradores que poseían una habilidad espiritual innata desarrollada por medio del Druidisimo, eran los vigilantes de la tradición y los guardianes de la palabra y junto con los curanderos participaban en los ceremoniales más relacionadas con los pobladores.

La fiesta del agradecimiento   

Entre los ritos de la fiesta sagrada de Mabon, se realizaban ofrendas a los principales dioses de la abundancia, además de grandes ceremonias religiosas y sobre todo un inmenso banquete durante los tres días que duraba la celebración.

El cuerno de la abundancia era uno de sus símbolos principales como representación de la abundancia de las cosechas. Los colores de esta festividad son los colores otoñales, los rojos, anaranjados, dorados, marrones y violetas, que permiten sintonizar con las energías de este día. 

La celebración de la cosecha no era tan espiritual como otras ceremonias druídicas. Era una fiesta alegre. Tradicionalmente se comían vegetales, granos, y frutos de la época, en especial los productos hechos del maíz. 

Los símbolos de Mabon son las hojas secas, bellotas, castañas, uvas y manzanas y frutos del otoño.

Una tradición importante de esta época también incluía la vendimia, cosechar y pisar la uva. También recolectar hierbas y hacer coronas de hiedra y avellano para el dios anciano.

Símbolo celta de la vendimia

Las costumbres 

El maíz era imperante ya que era un símbolo del Dios Sol y de la abundancia. Existía una tradición en la cual se hacían muñecas de maíz, o «corn dollies«, las cuales simbolizaban la sexualidad femenina de la Diosa madre. Se hacían con las hojas de la mazorca de maíz amarradas con cordones hasta lograr una forma humana que representaba la Diosa.

Se guardaban en un lugar seguro durante todo un año hasta la siguiente festividad de Mabon, momento en el cual se quemaban en el fuego de las hogueras, marcando el comienzo de un nuevo ciclo en la vida lleno de prosperidad. 

De Mabon a Michaelmas

Gran parte de las festividades religiosas que celebramos en la modernidad tienen un origen pagano y muchas celebraciones celtas transmutaron a festividades cristianas con la llegada de los romanos a sus territorios.  

En el caso de Mabon, la iglesia medieval cristianizó la celebración bajo el nombre de Michaelmas, la fiesta del Arcángel Miguel que se celebra el 25 de septiembre. La celebración empezaba al anochecer del día anterior, según la tradición celta de marcar los días del anochecer al amanecer del siguiente día, característica que mantuvo la celebración cristiana en la Edad Media.

NOTA DEL AUTOR

Cabe destacar que la cultura celta, especialmente sus ritos, mitos y ceremonias eran transmitidas por la tradición oral de los druidas a sus pupilos. A pesar de la riqueza de su cultura no dejaron un legado escrito. Por ello, la mayor cantidad de información que se tiene de estas tradiciones proviene de historiadores y autores romanos y griegos y posteriormente de los cristianos.


Palabras para el otoño…

Un paréntesis naranja…

 

P1060482.JPG – Version 3

 
 
Esa estación intermedia, que se inicia con el equinoccio otoñal, un paréntesis naranja entre el invierno y el verano que se pinta de ocres y  amarillos…
Esa estación que evoca la nostalgia, en que lo días  se acortan, los árboles mutan y sus hojas caen al suelo ante el soplo del viento, trayendo con si los sentimientos de tristeza y melancolía, pintados color café…
Es el otoño…

 


 

 

 

 

«Que distinto el otoño para mí que voy para ti que quedas.»

Masaoka Shiki, Japón, 1867-1902


 

«Otoño nos cita con un son de flautas: vamos a

buscarlo por la tarde clara.

Jaime Bodet, Mexico, 1904 – 1974

 

 


 

«Los sollozos más hondos del violín del otoño

son igual que una herida en el alma de

congojas extrañas sin final».

Paul Verlaine, Francia, 1844 – 1896

 

 

 


 

«Dadme un estío más, oh poderosas, y un otoño,

que avive mis canciones, y así, mi corazón, del

dulce juego saciado, morirá gustosamente.»

Friedrich Hölderlin, Alemania, 1770 – 1843

 

 

 

«No temas al otoño, si ha venido. Aunque caiga

la flor, queda la rama. La rama queda para

hacer el nido.»

Leopoldo Lugones, Argentina, 1874 – 1938

 


 

«Qué pequeño recipiente de tristeza somos,

navegando en este apagado silencio a través

de la oscuridad del otoño.»

John Banville, Irlanda, 1945

 

 


 


 

 Fotografia:

Mila Mendoza

IMarie Núñez

otono1-by-imarie