Victor Hugo y su Notre-Dame

 

La historia detrás del cuento…

 

 

Victor Hugo, además de ser el mayor exponente del romanticismo en la literatura francesa, fue un ciudadano comprometido, activista, luchador social y político, al punto que sus discursos sobre la miseria, los asuntos de Roma y la ley Falloux lo hicieron romper filas con el partido Conservador; esto a pesar de haberse presentado a las elecciones de 1848 en apoyo de la candidatura de Napoleón III Bonaparte.  

 

Sus denuncias sobre las ambiciones dictatoriales de Bonaparte, lo llevaron en 1852 a la edad de cincuenta años, a un exilio de casi veinte años, que comenzó en Bélgica, y continuó en el Reino Unido, estableciendo finalmente su residencia en 1856 en Guernsey, un isla en el Canal de La Mancha, frente a la costa de Normandía. Allí permaneció, en su propiedad Hauteville-House, hasta 1870. Desde el exilio, denunció sin tregua los vicios del régimen gobernante y rechazó, en 1859, la amnistía que le ofreció Napoleón III. 


 

Teniendo veintinueve años, y con gran determinación, el joven escritor francés protestaba por el abandono que sufrían las iglesias medievales y lamentaba que quizás Notre-Dame “desaparecía pronto de la faz de la tierra”.  Victor Hugo veía a la arquitectura gótica “como una parte esencial de la historia de Francia” y creía que estaba seriamente amenazada por el movimiento barroco. Con apenas veintitrés años, en 1825,  ya había publicado un folleto titulado ¡Guerra contra los demoledores! donde afirmaba:    

 

Quién sabe qué edificios se están construyendo, con la ridícula pretensión de ser griegos o romanos en Francia, que no son romanos ni griegos, mientras otras estructuras admirables y originales están cayendo cuando su único delito es ser francesas por origen, historia y propósito.

 

Un apasionado de la arquitectura gótica, compara la fortaleza de estas obras con la fragilidad de las piezas nacidas de la imprenta de Gutenberg. Dice: “¡Qué precaria inmortalidad la del manuscrito! ¡Un edificio es un libro mucho más sólido, duradero y resistente! Para destruir la palabra escrita bastan una antorcha y un turco. Para demoler la palabra construida, hace falta una revolución social”. 

 

 

Para ese momento, ya había destacado en el mundo literario, había fundado la revista Le Conservateur littéraire, junto con sus hermanos; había publicado su primera obra poética: Odas y poesías diversas y su drama Cromwell, en cuyo prefacio rechaza las reglas del teatro neoclásico  y proclama el principio de la “libertad en el arte” .

 

 Notre-Dame, símbolo de poder y agresión 

Iniciada su construcción, en la Île de la Cité , en 1163 bajo el reinado de Luis VII el Joven (1120-1180) gracias al impulso del obispo Maurice de Sully (1105-1196) y terminada en 1345 durante el mandato de Felipe VI el Afortunado (1293-1350), la importancia de la catedral de Notre-Dame no solo radica en su mezcla de estilos que abarcan desde el gótico temprano hasta el neogótico, sino en su conversión a partir de la segunda mitad del siglo XIX en uno de los íconos de la ciudad de París. Es una de las catedrales góticas más antiguas y la tercera más grande del mundo, después de la de Colonia, Alemania y la de Milán, Italia. 

Vista del interior de la Cátedral de Notre-Dame, 1789. Les collections | Paris Musées

Durante sus ocho siglos de existencia, el templo ha sufrido serios daños en varias ocasiones, pero fue durante la Revolución Francesa, entre 1789 y 1799 cuando sufrió la mayor destrucción. 

En 1793, tras la decapitación de Luis XVI, las autoridades revolucionarias ordenaron la destrucción de todos los símbolos de la realeza. Notre-Dame fue saqueada por ser considerada “un símbolo del poder y de la agresión de la Iglesia y la monarquía”. 

Los revolucionarios decapitaron las estatuas de los portales y de la Galería de Reyes, basados en la creencia popular iniciada desde la Edad Media, que decía que las esculturas representaban a los reyes de Francia, pero que en realidad representaban a los reyes de Judá, ancestros de Cristo, y no a los reyes galos como popularmente se pensaba.

Notre-Dame fue convertida en templo para el culto de la Libertad y la Razón; serviría como mercado cubierto y almacén de mil quinientos toneles de vino destinados al Ejército del Norte.

También fue desmantelada la aguja, una joya del siglo XIII. Con el plomo del techo fabricaron balas; fundieron las campanas de bronce para hacer cañones y destrozaron muchas de los vitrales. 

 

Fête de la Raison (1793), grabado anónimo, Bibliothèque Nationale de France, París. En medio de una ambientación de la antigüedad clásica, donde desaparecen todas las referencias a la catedral de Notre-Dame, algunas jóvenes, sacerdotisas de la filosofía, celebran el culto de la diosa «Razón», personificada por una joven vestida con una túnica y un gorro frigio, encarnación de la República francesa.

 

Hacia fines del siglo XVIII, el templo había quedado convertido en una sombra de su época gloriosa. La catedral regresó a las manos de la iglesia Católica en 1801, pero nadie detuvo el deterioro.

 

Saqueada, utilizada como almacén y caballerizas y finalmente abandonada a su suerte durante décadas, en los años 30 del siglo XIX Notre-Dame se encontraba en un serio estado de degradación. Notre-Dame, la sede y el claustro, 1830, litografía publicada por Theodor Josef Hubert Hoffbauer. Brown University Library, Providence, Rhode Island.

 

Indignado por la situación en que se encontraba la icónica catedral y motivado por su gran pasión por la arquitectura gótica, en 1831, Víctor Hugo publicó la novela romántica Notre-Dame de Paris / Nuestra Señora de París, ambientada en el siglo XV y que cuenta la historia trágica del jorobado Quasimodo, que cuida de las campanas de la catedral y que se enamora de la gitana Esmeralda.

Aprovechará el contrato firmado en 1828 con el editor Charles Gosselin para escribir una novela histórica, ambientada en la Edad Media en la línea de Walter Scott, de gran éxito en Francia. Tras la revolución de julio de 1830 que significó la caída de los Borbones, redactó en pocas semanas su obra Notre-Dame de Paris / Nuestra Señora de París, cuya primera edición  se publicó el 16 de marzo de 1831. 

 

 

En la época en que el autor francés escribió el libro, “los parisinos consideraban que los edificios medievales eran vulgares deformaciones monstruosas”, cuenta el escritor y arquitecto Richard Buday en un artículo publicado en  la página web Arch Daily en 2017.  “La historia gótica de París estaba siendo demolida en nombre de proyectos más respetables, si no más rentables. Víctor Hugo estaba alarmado”, añade Buday.

 

 

“Y la catedral no era sólo su compañía, era su universo, era toda su naturaleza. No soñaba con otros setos que los vitrales siempre en flor, con otras umbrías que las de los follajes de piedra que se abrían, llenos de pájaros, en la enramada de los capiteles sajones, otras montañas que las colosales torres de la iglesia, otro océano que París rumoreando a sus pies”. 

EXTRACTO DE NOTRE-DAME DE VICTOR HUGO

 

La obra “tuvo un impacto tan dramático en la actitud del público francés hacia el patrimonio que ese mismo año el gobierno estableció la Comisión de Monumentos Históricos”, dice Suzanne Nash,  experta en literatura francesa y profesora emérita de la Universidad de Princeton, en los Estados Unidos .

Ante el clamor popular, doce años después de la publicación de Notre-Dame, el rey Luis Felipe I ordenó, la restauración del monumento en 1844.  El movimiento de opinión creado por la obra de Victor Hugo condujo a la decisión de establecer un concurso en el que participaron varios arquitectos, entre ellos Eugène Viollet-le-Duc y Jean-Baptiste Lassus, cuyo proyecto de rehabilitación del templo fue aceptado en 1844.  En julio de 1845, se votó una ley para restaurar la catedral.

Cuando comenzarón las obras  en 1845, Víctor Hugo participó activamente en un comité de tres personas que supervisó el proyecto. 

Con su pluma, Victor Hugo había logrado su objetivo. 


 

 

 

 

En la nota redactada por el novelista con motivo de la publicación de la edición definitiva de su obra en 1832, afirmaba que su libro era un grito contra “la decadencia actual de la arquitectura y sobre la muerte”.

En otra ocasión escribió: “Notre-Dame de Paris /Nuestra Señora de París quizás haya abierto realmente algunas perspectivas sobre el arte de la Edad Media, sobre este arte maravilloso hasta el momento desconocido por unos, y lo que es todavía peor, mal apreciado por otros”.

“Pero el autor se encuentra muy lejos de considerar finalizada la tarea que se impuso de forma voluntaria”, continuaba Victor Hugo. “Ya ha abogado en más de una ocasión en favor de la causa de nuestra vieja arquitectura, ya he denunciado en voz alta muchas profanaciones, muchas demoliciones, muchas irreverencias. Y seguirá haciéndolo”.

 


 

Panorama de París desde la torre de St. Jacques, 1865. Fotografía por Charles Soulier, fotógrafo del emperador Napoleón III, Library of Congress, Washington DC. USA. Puede apreciarse de forma prominente la catedral de Notre-Dame reconstruida, ya con su característica aguja.

La restauración de la catedral de Notre-Dame se extiendió durante diecinueve años, casi los mismos que el exilio de Victor Hugo, y culmina en 1864.  Consistió en la construcción de una nueva aguja central, una nueva sacristía, de un nuevo órgano y la instalación de nuevas estatuas y vitrales. También se añadieron las famosas gárgolas y quimeras que vigilan a los visitantes desde la fachada.


Regreso del exilio

Retrato de Victor Hugo, Morot, Aimé

Tras la caída de Napoleon III,  Victor Hugo regresa a  París en 1870, a los sesenta y ocho años, y vio la  restauración de la catedral de Notre-Dame  concluida. En 1876, obtuvo el escaño de senador de París, posición desde la que defendió la amnistía de los partidarios de la Comuna.

Fue considerado un héroe de la Tercera República francesa. Se posicionó públicamente contra la pena de muerte, contra la prevalencia de cualquier religión, a favor de los derechos humanos, de la educación pública y gratuita, de los derechos de las mujeres y fue uno de los primeros europeístas convencidos, ya que propugnaba unos estados unidos europeos, algo parecido a lo que hoy en día es la Unión Europea. 


El poeta, dramaturgo y novelista francés, considerado el máximo exponente del Romanticismo en su país, falleció, a los 83 años, en París, el 22 de mayo de 1885, en su residencia en lo que hoy es el número 124, de la Avenida Víctor Hugo, y que, por entonces, se llamaba La Princesse de Lusignan

 

 

 

 

Es el combate del día y la noche. Veo la luz negra. 

 

 

palabras de Victor Hugo en su lecho de muerte
(Besançon, Francia, 1802 – París, 1885) 

 


Victor Hugo fue tratado con honores de estado y a su muerte estuvo expuesto bajo el Arco del Triunfo como un héroe nacional. Inicialmente, fue enterrado en el cementerio Pere-Lachaise, pero poco después sus restos fueron trasladados a la Iglesia de Santa Genoveva, circunstancia que aprovechó el gobierno galo, para transformar el templo en un panteón. 

 

Place du Panthéon, 75005 Paris, Francia

http://www.paris-pantheon.fr

 


El incendio de Victor Hugo

Fotografia: Fotomontaje SEMANA / AFP

“Todas las miradas se dirigían a la parte superior de la catedral y era algo extraordinario lo que estaban viendo: en la parte más elevada de la última galería, por encima del rosetón central, había una gran llama que subía entre los campanarios con turbillones de chispas, una gran llama revuelta y furiosa, de la que el viento arrancaba a veces una lengua en medio de una gran humareda.

Por debajo de aquella llama, por debajo de la oscura balaustrada de tréboles al rojo, dos gárgolas con caras de monstruos vomitaban sin cesar una lluvia ardiente que se destacaba contra la oscuridad de la fachada inferior. A medida que aquellos dos chorros líquidos se aproximaban al suelo, se iban esparciendo en haces, como el agua que sale por los mil agujeros de una regadera.

Por encima de las llamas, las enormes torres, de las que en cada una se destacaban dos caras, una toda negra y otra totalmente roja, parecían aún más altas por la enorme sombra que proyectaban hacia el cielo. Sus innumerables esculturas de diablos y de dragones adquirían un aspecto lúgubre y daba la impresión de que la inquieta claridad de la llama les insuflara movimiento. Había sierpes que parecían reír, gárgolas que podría creerse que aullaban, salamandras que resoplaban en las llamas, tarascas que estornudaban por el humo; y entre todos aquellos monstruos, despertados así de su sueño de piedra por aquella llama y por aquel clamor, había uno que andaba y al que, de vez en cuando, se le veía pasar por el frente de la hoguera como un murciélago ante una luz.

Seguramente aquel extraño faro iba a despertar, a lo lejos, al leñador de las colinas de Bicetre, temeroso al ver temblar sobre sus brezos la sombra gigantesca de las torres de Nuestra Señora”

EXTRACTO DE NOTRE-DAME DE VICTOR HUGO

 

Puedes leer la biografía de Victor Hugo aquí:

 

La catedral Nuestra Señora de París fue declarada monumento histórico de Francia en 1862, dos años antes de culminar su primera gran restauración. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad, incluído su ámbito de las “Riberas del Sena en Paris” en 1991 por la UNESCO.

Casi 200 años después, un clamor universal se repite para salvar una vez más el icónico monumento después del incendio del 15 de abril de 2019. El gobierno de Francia, por iniciativa de su presidente Emmanuel Macron, lanzará un concurso de arquitectura para su reconstrucción y el congreso debate una ley para su restauración.

 


 

A los 134 años de su muerte,

¡Victor Hugo vive!

Canción de Navidad …la historia detrás del cuento.

Con seguridad, muchos conocemos el cuento de Charles Dickens, Canción de Navidad. Pero, a los 175 años de su publicación, pocos saben la historia de cómo surgió uno de los cuentos navideños favoritos de todos los tiempos. Para celebrar el mensaje que nos dejó Charles Dickens, aquí te la contamos.

Charles Dickens escribió y publicó Canción de Navidad, cuyo nombre original en inglés es A Christmas Carrol, a los 30 años como respuesta a la indignación que lo embargaba al ver la condición de los niños trabajadores con el comienzo de la Revolución Industrial en el Reino Unido.  

Dickens en 1839, olio sobre lienzo de Daniel Maclise, Tate 2018: en préstamo a la Galería Nacional del Retrato de Londres. 

Era 1843, y a comienzos de ese año había visitado las minas de estaño de Cornualles, donde le sorprendieron y enfadaron las pésimas condiciones bajo las cuales trabajaban los niños, recordándole sus propias penurias infantiles.  Este sentimiento fue acrecentándose en la medida que visitaba las escuelas mantenidas por la caridad pública, en las que se hacinaban los niños hambrientos y analfabetos que vivían en las calles de Londres.  

Dickens había quedado abrumado con la publicación, en febrero de 1843, del Second Report of the Children’s Employment Commission / Segundo informe de la Comisión del Empleo Infantil,  un informe parlamentario en el cual se exponían los efectos de la revolución industrial sobre los niños pertenecientes a la clase trabajadora. Consideró seriamente la publicación de un panfleto de carácter político y social haciendo un llamado a la sociedad inglesa. 

Pero, cambio de idea durante la pronunciación de un discurso en una gala de recaudación de fondos celebrada el 5 de octubre de 1843 en el Manchester Athenaeum, en la cual urgió a trabajadores y empresarios a unirse en la lucha contra la ignorancia a través de una reforma educativa. 

Manchester Athenaeum, Londres.

En su discurso, el escritor y crítico social victoriano promovió la necesidad de la mejora educativa y el aprendizaje. El influyente público que estaba presente en el acto incluyó al fabricante inglés y radical estadista liberal Richard Cobden, asociado a importantes campañas de libre comercio; y también al conservador político, escritor y futuro primer ministro, Benjamin Disraeli.

En el transcurso de los siguientes días decidió que la manera más efectiva de hacer llegar sus inquietudes sobre la pobreza y las injusticias a un segmento de la población mucho más amplio era escribiendo una historia navideña muy sentida. Pensó que tendría mayor impacto que cualquier panfleto o ensayo político.  Así nació el cuento de navidad favorito de todos los tiempo: Canción de Navidad de Charles Dickens.

Dickens no estaba en muy buenos términos con sus editores en ese momento. Había tenido grandes desacuerdos con la firma Chapman & Hall, porque estos consideraban que la obra más reciente del escritor, Martin Chuzzlewit,  había sido un fracaso comercial.  Debido a ello, Dickens decidió costear con recursos propios la impresión de Canción de Navidad

La producción de la novela corta se vio envuelta en un sin fin de complicaciones que comenzaron con la primera impresión, cuyo papel para las guardas de color oliva pardusco Dickens consideró inaceptable; así pues, los editores se vieron obligados a remplazarlo de inmediato por otro de color amarillo. Los desacuerdos continuaron con relación a la página del título, y finalmente la obra quedo impresa dos días antes de la fecha prevista para su presentación: el 17 de diciembre, una semana antes del día de Navidad del año 1843.

Con un precio de cinco chelines, el equivalente, en 2018, a veintitrés libras esterlinas,  la primera tirada, de seis mil ejemplares, se agotó para Nochebuena.  La editorial Champan & Hall publicó una segunda y tercera ediciónes antes del Año Nuevo. Las ventas se mantuvieron constantes hasta bien entrado el año 1844. Para finales de ese año se habían agotado ya otras once ediciones.  A pesar de su gran exito, un año después, los beneficios de Charles Dickens no superaban las 744 libras esterlinas.

Desde su publicación, el libro se ha impreso en ediciones de lujo, rústicas y de bolsillo; ha sido traducido a diversos idiomas y jamás ha dejado de imprimirse.  Es el libro más vendido de Dickens en los Estados Unidos, donde, en el siglo posterior a su publicación, vendió más de dos millones de ejemplares. La novela corta se llevó a los escenarios casi de inmediato. El 5 de febrero de 1844 se estrenaron tres producciones teatrales en el Reino Unido. Además, es uno de los relatos con mas adaptaciones al cine y la televisión. En 1901 se produjo Scrooge, o Marley’s Ghost, una película en blanco y negro, considerada la primera versión cinematográfica de la obra. En 1923, la historia se adaptó también para la BBC Radio. Entre sus tantas adaptaciones, se incluyen la ópera, el ballet, un musical de Broadway, animación y una producción de mimo de la BBC protagonizada por Marcel Marceau.


“Cuento de Navidad fue un éxito desde que vio la luz”, afirma Louisa Price, curadora del Museo Charles Dickens en Londres. “En una época del año donde era una tradición contar historias de fantasmas alrededor del fuego, Dickens escribió su historia sabiendo que sería leída en voz alta”, señala Price.


Louisa Price, curadora del Museo Charles Dickens en Londres con el corresponsal Mo Rocca de CBS News. Foto: CBS News.



Daguerrotipo de Charles Dickens en 1852, probablemente la primera fotografía que se conozca del autor, realizada por Antoine François Jean Claudet. El fotógrafo francés, establecido en Londres y considerado como uno de los pioneros de la fotografía, disponía desde 1839  de una licencia para usar la patente del daguerrotipo, por lo que fue uno de los primeros fotógrafos en hacer retratos en Inglaterra.


Para el año 1849, seis años después de la aparición de Canción de Navidad, Dickens estaba muy ocupado escribiendo su obra mas reciente David Copperfield, y sin tiempo para escribir otra historia sobre la Navidad. Decidió entonces que la mejor forma de hacer llegar a su audiencia su  “filosofía del villancico”  era mediante la lectura en público de su novela corta. Así, durante la Navidad de 1852, Dickens leyó personalmente la obra en el Ayuntamiento de Birmingham en un acto organizado junto con el Industrial and Literary Institute que resultó ser un gran éxito.

Charles Dickens en sus lecturas públicas. 

Charles Dickens en el escenario del Boston Tremont Temple en diciembre de 1867. La ilustración probablemente representa la noche inaugural. Grabado sobre madera de Charles A. Barry, publicado en Harper’s Weekly, v. 11, no. 571, 7 December 1867, p. 777.



Charles Dickens leyendo a dos de sus hijas en el patio de su casa de Gad’s Hill Place, fotografiado por Robert Hindry

A partir de ese momento en 1852, Charles Dickens leería, hasta el año de su muerte en 1870, una versión abreviada de Canción de Navidad en 127 ocasiones que fueron consideradas memorables. 


Si quieres saber más acerca de esta historia
y sobre la vida de Charles Dickens
puedes pasearte por aquí.
Canción de Navidad
De Coral Gables a Hollywood

La fuente de inspiración

Si eres amante de la literatura y la historia, y tienes curiosidad, puedes leer el famoso discurso político y social que  Charles Dickens pronunció en el Manchester Athenaeum en 1843.

Discurso Charles Dickens, 1843

Y si eres un verdadero fan de Charles Dickens y visitas la ciudad de Londres, durante cualquier época del año, puedes hacer el recorrido de los pasos del autor inglés. Durante la época navideña tiene programas especiales de Canción de Navidad

Proust, escribir y vivir de café y croissants.

Marcel Proust era un hombre de desayunos.  Aunque durante buena parte de sus años de juventud, fue un socialité consumado, con una vida mundana y disipada, durante los últimos quince años de su vida, en el periodo en el que escribió su obra cumbre En busca del tiempo perdido, Proust vivió recluido en su propiedad ubicada en el 102 del Boulevard Haussmann en París, donde hizo cubrir las paredes de corcho para aislarse de ruidos y dedicarse, sin ser molestado, a escribir su obra maestra. Prácticamente vivía a base de café con leche y croissants casi como único alimento.


Marcel Proust y su hermano Robert en 1882 a los 11 años. 

Valentin Louis Georges Eugène Marcel Proust nació en el aristocrático barrio parisino de Auteuil, el 10 de julio de 1871, en el seno de una familia acomodada y cultivada. Su padre, Adrian Proust, fue un médico epidemiologo de renombre internacional, profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de París (La Sorbona), también consejero del gobierno en asuntos de sanidad. Jeanne Clemence Weil, su madre, una judía alsaciana nieta de un antiguo ministro de Justicia, era una mujer de una amplia y sólida cultura. Por ello,  Proust siempre gozó de una educación, posición social y situación económica privilegiada. 

Proust tuvo una salud tan frágil desde su nacimiento que su padre temió que no sobreviviera, por lo cual tuvo una niñez sobre protegida.  Manifestaba signos de una inteligencia y una sensibilidad precoces, pero su salud permanecería delicada durante toda su vida, sufriendo su primer ataque severo de asma a los nueve años. 

Marcel Proust, en la segunda fila, el primero a la izquierda, junto a sus compañeros de clase del Liceo Condorcet.
Marcel Proust en una velada en el aristocrático Hotel Ritz de Paris.
Fotografia de Gérard Bertrand de la Colección “Marcel Proust Recomposed”.

De joven comenzó a frecuentar los círculos aristocráticos, lo cual le permitió alternar con los escritores, artistas e intelectuales más renombrados de la época y que, al mismo tiempo, le valió la fama de snob;  fama sobre la cual André Gide, escritor e influyente editor de la Nouvelle Revue Francaise (NRF) se basaría, algunos años después,  para rechazar el manuscrito de À la recherche du temps perdu, casi sin leerlo. En esa época surge el famoso Cuestionario de Proust

Gracias a su posición social y a la fortuna familiar, Proust pudo dedicarse exclusiva y tranquilamente a escribir, aunque sin mucho éxito durante los primeros años.

Su obra cumbre En busca del tiempo perdido cuyo título original en francés es À la recherche du temps perdu, compuesta de siete volúmenes, publicados entre 1913 y 1927, constituye una de las obras cumbre del siglo XX,  con una gran influencia en el campo de la literatura, filosofía y la teoría del arte.


La coreografía del café y el croissant…

En 1905, tras la muerte de sus padres, especialmente la de su madre, su frágil salud se deterioro aún más, sumido en una gran depresión y Proust permaneció casi recluido en su residencia ubicada en 102 del Boulevard Haussmann en París. Escribía exclusivamente de noche, tomando café en grandes cantidades y casi sin comer, cuenta Céleste Albaret, su fiel ama de llaves durante esos años. 

En el libro de sus memorias, Céleste cuenta que Proust nunca dejaba de escribir y de hacer interminables correcciones a sus textos, supresión y añadidos en papeles que ella se encargaba de pegar en las páginas correspondientes y que alcanzaban considerables extensiones.  

A medida que su enfermedad empeoraba, su necesidad de escribir comenzó a suprimir su deseo de comer, y el desayuno se convirtió en la comida preferida de Proust.  En lugar de las icónicas “magdalenas y el té” que se hicieron famosas a través de su novela, Por el camino de Swann / Du côté de chez Swann, publicada en 1913 por cuenta del propio autor, el verdadero Marcel exigía croissants y café con leche. Céleste se los llevaba a la cama mientras él leía el periódico, generalmente al medio día. Marcel mojaba con parsimonia su croissant en el café y comía poco más durante el resto del día. Céleste Albaret cuenta que se maravillaba de la capacidad del escritor para vivir con tan poco, después de años de ser un comedor hedonista. 

La rutina de servir el café y el croissant era un arte delicado en la residencia de Proust. Cuando contrataron a Céleste, ella aprendió la intrincada coreografía del desayuno: traiga a Marcel el croissant # 1 con su café, pero asegúrese de tener el croissant # 2 a la mano en caso de que se requiera pastelería adicional. Cualquier retraso en servirlo sería un alto delito, escribe Albaret. “Pon el platillo con el croissant en la bandeja y vete”, le instruyeron. “Hagas lo que hagas, no digas nada”.

“Lo más extraordinario era cómo podía sobrevivir y trabajar, enfermo como era, …viviendo en las sombras de alimentos que había conocido y amado en el pasado”. 

 Céleste Albaret

En el mes de septiembre de 1922, Proust sufrió una severa crisis de asma. El 10 de octubre salió a la calle por última vez, y una semana después sus médicos le diagnosticaron una neumonía severa. Sin haber concluido totalmente su obra, a los 51 años, murió el 18 noviembre de 1922 en París.  

Robert Proust,  convertido en un prominente cirujano y quien siempre apoyó activamente la carrera de escritor de su hermano mayor, después de la temprana muerte de Marcel, editó y organizó los últimos tres volúmenes de la obra para su publicación. Tomaría personalmente a su cargo la edición de los manuscritos, cuyas publicaciones fueron apareciendo una a una hasta que en 1927 se publicó el tomo séptimo y último: El tiempo recobrado /Le temps retrouvé. Su extensa correspondencia tambien sería recopilada y las últimas piezas fueron publicadas en el año 2012.

Puedes leer su biografía completa aquí:


¿ Quién fue Céleste Albaret?

Céleste Albaret  fue una muchacha de provincia, nacida en 1891 en Auxillac, una región del sur de Francia conocida como Languedoc-Roussillon. Se trasladó a París en 1913 al contraer matrimonio con un taxista parisino de nombre Odilon Albaret.  El taxista tenía entre sus clientes más asiduos al celebre escritor Marcel Proust.

Solitaria y aburrida en la gran ciudad, y por sugerencia de su marido, Albaret comenzó a hacer algunas diligencias para Proust. En poco tiempo se convirtió en su secretaria y ama de llaves. Durante la última década de la vida de Proust, su salud declinó enormemente y Céleste se convirtió en su enfermera y en “el conducto más confiable para el mundo del escritor, más allá de su recluida habitación recubierta de corcho”.

Albaret permaneció ferozmente leal a su famoso empleador hasta mucho después de la muerte de Proust en 1922. A medida que la reputación póstuma de Proust aumentaba, para Céleste fue un punto de honor rechazar la publicidad y evitar cualquier mención de la vida personal del escritor que pudiera haber sido considerada como una deslealtad. 

“Mi querido Céleste sabes todo sobre mí. No sabes cuántas personas vendrán a verte después de que yo haya muerto. Y, por supuesto, no lo harás. Responde, te conozco.”

Céleste y su esposo Odilon Albaret

Después de la muerte de Proust, Céleste y su esposo abrieron el Hotel Alsace Lorraine, en Rue des Canettes en París, que más tarde pasó a llamarse Hotel La Perle y que la pareja regentaba junto con su hija, Odile.

Odilon Albaret, murió en 1960, para cuyo momento la mayor parte de las celebridades que Céleste había conocido como joven, gracias a Proust, habían desaparecido. Sin embargo, la reputación de Proust perduró y durante la década de 1960 Céleste fue redescubierta por los miembros del establishment de las artes y la cultura francesa.

Otra personalidad que mostró gran interés en los recuerdos de Céleste  Albaret sobre sus años junto a Marcel Proust fue el coleccionista, filántropo y apasionado bibliófilo Jacques Guérin, considerado por los críticos “no sólo un coleccionista, sino un salvador de todo lo que se refiere a Proust”.

Gracias a los consejos de Jacques Guérin, a principios de la década de 1970, Céleste rompió su silencio de cincuenta años sobre su experiencia al lado de Marcel Proust. Después de observar que otros, menos escrupulosos que ella, habían hablado y escrito cosas sobre los asuntos personales de Proust que no siempre eran ciertas, revelo su experiencia junto al íconico escritor.  Decidió cumplir su último deber con el que siempre le había dicho “usted es quien cerrará mi ojos cuando muera”  y que con gran cariño se refería ella como  “mi querida Céleste”.

Céleste Albaret  posa al pie de la cama  de la habitacion de Marcel Proust reconstruida por   el coleccionsita Jacques Guérin en 1953. 



A raiz de eso, Céleste Albaret dictó setenta horas de material grabado al conocido biográfo, periodista y traductor Georges Belmont. El resultado  fue el libro Monsieur Proust: Souvenirs recueillis par Georges Belmont / Monsieur Proust: Recuerdos de Georges Belmont publicado en 1973. 

El libro de Belmont fue bien recibido por los críticos y también resonó más allá de la élite literaria. Fue traducido a varios idiomas incluyendo el inglés.

Céleste también accedio a vender a Jacques Guérin, para su colección de artículos de Proust, algunos obsequios personales que este le había regalado durante los largos años que estuvo a su servicio, y que se han convertido en los tesoros “proustianos”  más cotizados entre los fanáticos y coleccionistas franceses.

Puedes encontrar el libro Monsieur Proust en Amazon.

Céleste Albert fotografiada por Séamas McSwiney en 1981

Pocos años antes de su muerte, en homenaje a una mujer notable que participó íntimamente en un elemento central de la historia literaria de Francia, y que personalmente contribuyó de manera práctica a la creación y preservación de textos históricos,  Céleste Albaret fue condecorada con la Orden de Artes y Letras de Francia.  

Vivió los últimos años de su vida en una moderna casa al oeste de París, en Montfort l’Amaury, cerca de la residencia de Maurice Ravel, de la cual fue cuidadora durante muchos años. Murio a los 94 años el 25 de abril de 1984


La última foto de Marcel

Man Ray

 © Man Ray Trust ARS-ADAGP

En 1922, Man Ray (Emmanuel Radnitsky) apenas tenía un año viviendo en Montparnasse, París, uno de los barrios predilectos de los intelectuales de la época, cuando su amigo, el poeta, escritor y diseñador Jean Cocteau le pidió que fotografiara a su también buen amigo, el escritor Marcel Prouest, en su leche de muerte. 

Cocteau, quien aunque bastante menor, era un buen amigo de Marcel y ambos se habían educado en el aristocrático Lycée Condorcet en París, aunque en épocas diferentes. Conocido en los círculos artísticos bohemios como “el príncipe frívolo”, Cocteau pidió a su amigo, el ya famoso y vanguardista fotógrafo americano recien llegado a Paris, que tomara una fotografía póstuma a su amigo Marcel. 

Man Ray, que en ese momento tenía 32 años y que no conocía personalmente a Proust, a petición de su amigo, realizó la fotografía el 20 de noviembre de 1922, dos días después del fallecimiento del escritor.  La impresión fotográfica, que es una copia en gelatina de plata, tiene un tamaño de 15.1 × 19.8 cm y se encuentra en el J. Paul Getty Museum, en la ciudad de Los Angeles, USA.

Durante los siguientes 20 años en Montparnasse, Man Ray se convirtió en un destacado fotógrafo y retratista. Importantes personalidades del mundo intelectual y social, como James Joyce, Gertrude Stein, Jean Cocteau, Bridget Bate Tichenor  y Antonin Artaud, posaron para su cámara.


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Escritores que amaron el café 

Día Internacional del Café

 

Coffee Lovers,

celebremos leyendo a Balzac.

 

Balzac, café hasta la muerte

En honor a la verdad, de todos los escritores que a lo largo de la historia tuvieron una apasionada relación con el café, Honoré de Balzac fue el más extremista de todos.  

El escritor francés, nació en Tours el 20 de mayo de 1799, el mismo año en que concluyó la Revolución Francesa a causa de la llegada al poder de Napoleón Bonaparte. 

Balzac no sólo tomaba una inmensa cantidad de tazas de café al día, que lo acompañaban a lo largo de sus maratónicas jornadas de trabajo de más de 15 horas, sino que también masticaba granos enteros de café, crudos. Además, llevaba con él  los granos molidos en sus frecuentes veladas para preparárselo a gusto. Se dice que con frecuencia masticaba granos de café sin agua, en ayuna. Su favorito era el café turco. Balzac, además, era un sibarita.

 

En 1839 publica el ensayo Tratado de excitantes modernos, donde se refiere a sus investigaciones sobre los efectos del café y de otros energizantes, con los cuales experimentaba en su propio organismo.  En esta obra, deja bien claro como el café era capaz de estimular la creatividad y como influía en su excéntrica rutina de trabajo: Balzac solía irse a la cama a la seis de la tarde, se levantaba alrededor de la una de la madrugada y escribía hasta las seis de la tarde del día siguiente. 

 

Balzac describe así sus sensaciones:

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“El café acaricia la boca y la garganta y pone todas las fuerzas en movimiento: las ideas se precipitan como batallones en un gran ejército de batalla, el combate empieza, los recuerdos se despliegan como un estandarte. La caballería ligera se lanza a una soberbia galopada, la artillería de la lógica avanza con sus razonamientos y sus encadenamientos impecables. Las frases ingeniosas parten como balas certeras. Los personajes toman forma y se destacan. La pluma se desliza por el papel, el combate, la lucha, llega a una violencia extrema y luego muere bajo un mar de tinta negro como un auténtico campo de batalla que se oscurece en una nube de pólvora”.


La Comedia Humana

 

Gracias a su talento y a su pasión por el café, que el mismo describe como una gran influencia en su vida, Honoré de Balzac dejó un legado de más de 150 obras literarias entre las cuales La comedia humana es probablemente la más emblemática y uno de los mayores proyectos narrativos de la historia de la literatura. Son 137 novelas e historias interconectadas que retratan la sociedad francesa entre 1815 y 1830 y que se deben no solo a la popularidad del autor como escritor por entregas, sino también a la constante necesidad de dinero que lo acuciaba. 


Balzac Cafe

Ilustración de Honore de Balzac cenando en un bistro del Barrio Latino en París, publicado en el semanario francés La Cuisine des Familles. 1905. Imagen © Stefano Bianchetti/Corbis

 

El autor, que llevaba una vida bastante disipada, apremiado por las deudas, dedicaba su vida a escribir para poder pagar las facturas y cuando terminaba una obra, se dedicaba a grandes festines gastronómico, pues era un conocedor de la buena mesa y un gran gourmet, con habilidad para la crítica y la recomendación de los restaurantes y cafés que frecuentaba.

 

 

 

La poción mágica de Balzac

Ingesta de café durante la época en que escribió La Comedia Humana.
  •  entre 17 y 25 tazas por día
  • una taza cada 17 minutos durante las noches de trabajo
  • un sobre de 250 gR de café al día
  • entre 60 y 90 kilogramos al año
  • entre  162 000  Y 243 000 tazas al año 
  • entre 19 000 Y 29 000 litros de infusión de café
  • entre 1,6 Y 2,5 toneladas de granos de café
  • entre  21,4 y 40,7 kilogramos de cafeína

Durante la escritura de cualquiera de sus obras, Balzac consumía un promedio de:
  • 251 litros de café lo cual equivaldría a
  • 2 090 tazas, ó 86 sobres de 250g. 

El consumo de café promedio anual de Balzac era 
  • 20 a 30 veces mayor que el de un parisino común en 1847
  • 10 a 15 veces mayor que el promedio de un francés en los tiempos actuales.  

 

El Blend de Balzac

El 20 de mayo de 1839, celebrando sus 40 años y la publicación de Tratado de excitantes modernos, Balzac estrenó su propia mezcla de café, que bautizó  “Honoré de Balzac, Paris 1839”, la histórica mezcla que el consumía en ese momento.

El consumo de café de Balzac era bastante ecléctico, sus preferencias se inclinaban a una mezcla de colores. La fuente más comúnmente citada es la biografía de Léon Gozlan, titulada Balzac in slippers o Balzac en pantuflas que narra: “el café estaba compuesto por tres tipos de granos: bourbón, martinique y mocha”.  (Balzac chez lui, León Gozlan, 1862)

Las referencias a la mezcla del café de Balzac que aparecen en la biografía de Gozlan están respaldadas por varias facturas conservadas en la Colección Lovenjoul, en particular una factura de 1832 que abarca un período de ocho meses, pagadera a M. Le Baron de Balzac, que menciona con frecuencia la compra de café de Martinica, variedades Mocha y Bourbon.

 

 

En 1828, el Código Gourmand, publicado por su amigo, el periodista, historiador y editor, Horace Raisson, recomendó una mezcla compuesta por una parte Green Martinique, una parte Bourbon y una parte Mocha.

 

 

 

En el mismo período, el French Gastronome, editado por el propio Honoré de Balzac, hizo la siguiente recomendación: “Después de realizar nuestros propios experimentos de cientos de maneras, finalmente hemos establecido el siguiente método, que presentamos oficialmente: Asamos por separado, nosotros mismos, una parte de granos Martinica Verde, una parte de Bourbon y otra de Mocha “.

En 1846, el Manual del Café Amateur, que se estableció como una referencia con respecto al café, recomendó la mezcla de estos tres cafés en las mismas proporciones.

 

 

 

 

Si sientes pasión por el café y eres curioso, puedes visitar la excelente página, Cafés D’Histoires donde además de conocer al detalle los rituales de Balzac a la hora de preparar su famoso café “Honoré de Balzac, Paris 1839”, puedes comprarlo. Si navegas por ahí verás las cafeteras que utilizaba para preparar la infusión y las tazas donde se tomaba; puedes comprar la mezcla y prepararte tu propio café al estilo Honoré de Balzac, y disfrutarlo mientras lees la biografía de Steven Zweig, Balzac. Es probablemente, unas de las mejores obras del autor austriaco. Una biografía para leer, no sólo por el biografiado, Balzac, sino también por el biógrafo: Zweig.   (Balzac, Editorial Jackson, 1948).

Además, que como lectores, tengamos la suerte de su publicación se debe al editor y amigo de Zweig, Richard Friedenthal, quien recibió el manuscrito por correo en Londres con algunas indicaciones generales que el escritor le envió, días antes de suicidarse, junto a su esposa, en Brasil en 1942.

 

TOMADO DEL BLOG

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Lecturas de madrugada: La biografía de la bestia

A fines del año pasado me pidieron que escriba sobre uno de los más grandes novelistas del siglo XIX. Acepté el encargo sin dudarlo, porque desde hacía buen tiempo quería escribir sobre Balzac. Aunque el proyecto de la revista, en la que saldría el artículo, no se concretó, el proceso de su escritura hizo que me reencontrara con algunas novelas del narrador francés. Acababa de releer El primo Pons y no sentía otra cosa que no fuera inmensa gratitud y rendida admiración. Qué manera de cerrar el ciclo novelístico de La comedia humana. Pasaron algunas semanas de la relectura y seguía preso del ánimo balzaciano, entonces busqué entre los anaqueles de mi biblioteca el libro que me acompañaría en los próximos días, libro que iba a excluir a las novelas y ensayos que estaba leyendo. Una biografía escrita por un A1. Porque solo un A1 podía biografiar a Balzac. Por eso me gustan las biografías monumentales: Balzac (Editorial Jackson, 1948) del austriaco Stefan Zweig.

En poco más quinientas páginas, Zweig nos muestra la radiografía de su ídolo tal y como era: egocéntrico, desaseado, huachafo, enamoradizo, oportunista, mala leche. Para Zweig, “La bestia que escribía” Balzac era un arribista sin remedio. Y contra lo que muchos escritores puedan pensar del oficio narrativo del francés, este no lo concebía como una actividad sagrada, la escritura no le significaba un destino, sino el único camino para escalar socialmente. Nuestro escritor fue un hombre que vivió endeudado, además, tenía el trauma de no haber asimilado sus raíces. Deseaba ser tratado como un noble, como un integrante conspicuo de la alta sociedad gala. Para ello, había que salir de pobre y guiado por ese fin es que escribía endiabladamente, cobrando por adelantado para despilfarrar inmediatamente lo cobrado. Dormía poco y escribía literalmente dopado debido a los litros de café que bebía. De a pocos empezó a forjarse una fama de buen escritor, por lo tanto, tenía seguidores y seguidoras, entre estas, una dama de abolengo y fortuna con la que termina casándose. En principio, ese era parte de su plan, casarse con una señorona y seguir escribiendo y publicando hasta ser totalmente aceptado. Pero de la misma forma en que Balzac se entregaba a la creación de sus novelas, ese mismo ahínco lo ponía en las mujeres. A Balzac no le gustaba su mujer, al mayor novelista del XIX no le podía gustar una sola mujer. Para Zweig, Balzac era un soberano hormonal que muy bien pudo escribir un diario de pornógrafo, al punto que especula que el número de sus amantes es apenas superado por el número de hojas que utilizó para escribir. Empero, nuestro ídolo hormonal se enamoró, se enamoró de la señora Hanska, a la que le envío miles de cartas, en las que se hacía pasar como un incomprendido por la sociedad, de artista entregado a la sublime labor creativa que lo llevaba a rehuir de los placeres carnales. Balzac amó a la señora Hanska, pero ella no supo respetar la memoria de quien la amó y por la que hubiera dejado de lado esa empresa que lo hacía producir novelas a niveles industriales.

(…) Balzac es la cumbre literaria de Stefan Zweig, cumbre a la que le dedicó quince años de investigación. Ahora, esta publicación bien puede ser un milagro literario. El editor, y también amigo, de Zweig, Richard Friedenthal, dudó hasta el último instante en meter la biografía a la imprenta. Zweig nunca le aseguró que se trataba de la versión final, puesto que horas después de enviarle a Londres un sobre con indicaciones generales del manuscrito, el austriaco y su esposa habían decidido suicidarse en Brasil. Friedenthal no supo qué hacer. Felizmente, la perplejidad le duró dos semanas, puesto que ordenó los capítulos, suprimió redundancias y editó Balzac para la posteridad.

Puedes leer el artículo completo de Gabriel Ruíz Ortega aquí:

http://www.leeporgusto.com/lecturas-de-madrugada-la-biografia-de-la-bestia/

Honoré de Balzac es considerado como un gran retratista de la sociedad donde vivió, que supo trascender la mera descripción en sus novelas, para impregnarlas de una especie de “suprarrealismo” y es uno de los principales exponentes del realismo literario. 

Vivió poco en comparación con sus colegas Voltaire y Goethe, con quienes tenía en común una pasión desbordada por el café, probablemente debido a su estilo de vida y murió  joven, a los 51 años en París el 18 de agosto de 1850.

Sus restos descansan en el Cementerio de Père Lachaise, en París, y su espíritu está siempre presente en el Monumento a Balzac, situada entre los bulevares de Raspail y Montparnasse en Paris. 

El Balzac de Rodin

En 1897, cuarenta y siete años después de la muerte de Balzac,  el escultor frances, Auguste Rodin diseñó un monumento revolucionario, tras seis laboriosos años. Desprovisto de los atributos habituales del escritor (butaca, pluma, libro…), su Balzac es menos un retrato que una poderosa evocación del genio visionario, cuya mirada domina el mundo, del creador inspirado envuelto en su bata de monje que vestía para escribir. La obra, demasiado innovadora para la época,  fue un escándalo, al ser mostrado en 1898 y su encargo se anuló. Rodin jamás llegó a ver su monumento vaciado en bronce.

Considerado el padre de la escultura moderna, Rodin rompió con el canon académico que imperaba en Francia en el siglo XIX y su concepción del arte  dio paso a una nueva etapa en el ámbito de la escultura.

Cuando Rodin murió, el concepto de la escultura había sido redefinido como “algo que imita la vida a través de la amplificación y exageración del todo”.

http://www.musee-rodin.fr/es/colecciones/esculturas/monumento-balzac

Rodin

Auguste Rodin

 

 

 

 

 


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