Mabon…la fiesta celta del agradecimiento

El equinoccio de otoño marca la llegada de la celebración celta de Mabon.

Como ya hemos comentado anteriormente, el mundo mágico de los Celtas se rige por la rueda del tiempo que marca ocho festividades fundamentales para el desarrollo de la vida llamadas los Sabbats: los hay Mayores y Menores.  

Estos rituales ancestrales se relacionaban estrechamente con los cambios estacionales: los solsticios y equinoccios, las épocas de cosecha y siembra, de luz y oscuridad, de nacimiento y muerte …el crecimiento, la decadencia y el reposo de la naturaleza.  

El calendario celta es solar-lunar y fue diseñado para alinear las lunaciones con el ciclo agrícola y por ello la posición astronómica exacta del Sol se consideraba menos importante, prevaleciendo la de la Luna. Las lunas llenas que marcaban el punto medio de cada cuarto del año dividido por los solsticios y los equinoccios llamados Sabbats Menores marcaban los comienzos de las estaciones: Yule, Ostara, Litha y Mabon; también determinaban las fechas durante las cuales se celebrarían las festividades lunares: Samhain, Imbolc, Beltane y Lughnasadh considerados los Sabbats Mayores cuando la energía de la naturaleza de cada una de las cuatro estaciones se encuentra en su grado máximo. El año celta comienza con la festividad de Samhain. Los celtas contaban el tiempo según el número de noches, los meses comenzaban con la luna llena y el cambio de fecha era la puesta del sol. 

¿Qué es el equinoccio de otoño?

El equinoccio de otoño llega al Hemisferio Norte el 22 de septiembre. La estación se extiende hasta el 21 de diciembre, cuando comienza la estación invernal con el equinoccio de invierno. 

La palabra equinoccio tiene su origen en el latín y significa “noche igual”. La particularidad de esta fecha es que el día tiene la misma duración que la noche, al igual que sucede con el equinoccio de primavera. Los dos polos terrestres se encuentran a la misma distancia del Sol, lo que produce que se proyecte la misma luz en ambos hemisferios.

Astrológicamente, en este momento el Sol entra en el signo de Libra y el día y la noche igualan su duración.

Los ocho Sabbats cuentan cómo el Sol nace,

crece, corteja a la Tierra, la fertiliza, llega a su máximo esplendor,

madura, envejece y muere

…y vuelve a nacer.

La fiesta celta de Mabon

Se celebra entre el 21 y el 23 de septiembre. Es una celebración para dar gracias por los frutos que la tierra ha concedido y tomar conciencia de la necesidad de compartirlos para asegurar las bendiciones de la Diosa y el Dios durante los meses invernales.

El nombre deriva de “Mabon ap Modron”, un personaje de la mitología celta. Proviene de la palabra galesa que significa “buen hijo” y simboliza el principio masculino de la fertilidad.

Es la época en la que el Dios se está preparando para morir en Samhain, y regresar al vientre de la Diosa, para renacer en Yule en su gran viaje de la renovación y el renacimiento. 

Los druidas la llamaban “Mea’n Fo’mhair”, que significa la segunda cosecha y honraban al Dios del Bosque representado como un hombre verde, ofreciendo libaciones de sidra y vino a los árboles.

Aunque la cosecha comenzaba a recogerse en la época de Lughnassadh, es en Mabon cuando se completa, y se agradecía por lo recogido, pidiendo una buena cosecha para el próximo año. Era tiempo de descansar luego de la ardua tarea. 

Era un momento de equilibrio: las fuerzas de la oscuridad y de la luz se encuentran en igualdad. Es el equinoccio y a partir de ese momento, la oscuridad ganará terreno hasta alcanzar su punto máximo en el Yule con el solsticio de invierno.

Para los pueblos celtas era el momento de mirar hacia atrás, reflexionando sobre los esfuerzos del pasado y alegrándonos por un trabajo bien hecho.  Pensaban que junto con la cosecha se recogían las semillas que contenían la promesa de la nueva vida en primavera; encerraba el misterio de la vida en la muerte. Lo consideraban una etapa de serenidad.

El mensaje mitológico de la fiesta de Mabon es que

se debe recordar y aceptar que todas las cosas tienen un final,

pero con la conclusión de que cada final comporta asi mismo

un nuevo comienzo.

Para las antiguas culturas celtas en otoño vuelve a morir la  naturaleza, disminuye su generosidad, preparándose para el invierno y su tiempo de descanso. Los árboles se despojan de sus hojas e invitan a soltar lo viejo y con el fin del ciclo, concentrarnos en la vejez y la muerte. Era un tiempo de agradecimiento, reflexión y recogimiento interior y templanza.

Mabon, última cosecha,

cuando las semillas ya caen

para fructificar en primavera.

La celebración

Era una fecha en la cual los druidas se relacionaban estrechamente y dirigían las ceremonias para la celebración. 

Algunas escuelas muy herméticas entre los druidas, que buscaban la sabiduría apartados y vivían en los bosques, se acercaban a los pueblos exclusivamente para estas celebraciones en las que oficiaban algunos de los ritos más importantes.

Los druidas, sobre todo los sacerdotes, se encargaban de presidir las festividades y organizar los ritos sagrados ya que ellos eran, además de líderes espirituales, jefes políticos y estrategas militares. Por otra parte los bardos, que eran los poetas y los narradores que poseían una habilidad espiritual innata desarrollada por medio del Druidisimo, eran los vigilantes de la tradición y los guardianes de la palabra y junto con los curanderos participaban en los ceremoniales más relacionadas con los pobladores.

La fiesta del agradecimiento   

Entre los ritos de la fiesta sagrada de Mabon, se realizaban ofrendas a los principales dioses de la abundancia, además de grandes ceremonias religiosas y sobre todo un inmenso banquete durante los tres días que duraba la celebración.

El cuerno de la abundancia era uno de sus símbolos principales como representación de la abundancia de las cosechas. Los colores de esta festividad son los colores otoñales, los rojos, anaranjados, dorados, marrones y violetas, que permiten sintonizar con las energías de este día. 

La celebración de la cosecha no era tan espiritual como otras ceremonias druídicas. Era una fiesta alegre. Tradicionalmente se comían vegetales, granos, y frutos de la época, en especial los productos hechos del maíz. 

Los símbolos de Mabon son las hojas secas, bellotas, castañas, uvas y manzanas y frutos del otoño.

Una tradición importante de esta época también incluía la vendimia, cosechar y pisar la uva. También recolectar hierbas y hacer coronas de hiedra y avellano para el dios anciano.

Símbolo celta de la vendimia

Las costumbres 

El maíz era imperante ya que era un símbolo del Dios Sol y de la abundancia. Existía una tradición en la cual se hacían muñecas de maíz, o “corn dollies“, las cuales simbolizaban la sexualidad femenina de la Diosa madre. Se hacían con las hojas de la mazorca de maíz amarradas con cordones hasta lograr una forma humana que representaba la Diosa.

Se guardaban en un lugar seguro durante todo un año hasta la siguiente festividad de Mabon, momento en el cual se quemaban en el fuego de las hogueras, marcando el comienzo de un nuevo ciclo en la vida lleno de prosperidad. 

De Mabon a Michaelmas

Gran parte de las festividades religiosas que celebramos en la modernidad tienen un origen pagano y muchas celebraciones celtas transmutaron a festividades cristianas con la llegada de los romanos a sus territorios.  

En el caso de Mabon, la iglesia medieval cristianizó la celebración bajo el nombre de Michaelmas, la fiesta del Arcángel Miguel que se celebra el 25 de septiembre. La celebración empezaba al anochecer del día anterior, según la tradición celta de marcar los días del anochecer al amanecer del siguiente día, característica que mantuvo la celebración cristiana en la Edad Media.

NOTA DEL AUTOR

Cabe destacar que la cultura celta, especialmente sus ritos, mitos y ceremonias eran transmitidas por la tradición oral de los druidas a sus pupilos. A pesar de la riqueza de su cultura no dejaron un legado escrito. Por ello, la mayor cantidad de información que se tiene de estas tradiciones proviene de historiadores y autores romanos y griegos y posteriormente de los cristianos.


Litha …el solsticio de verano.

El mundo mágico de los Celtas se rige por la rueda del tiempo que marca ocho festividades fundamentales para el desarrollo de la vida llamadas los Sabbats.  Estos rituales ancestrales se relacionaban estrechamente con los cambios estacionales: los solsticios, equinoccios, las épocas de cosecha y siembra, de luz y oscuridad, de nacimiento y muerte …el crecimiento, la decadencia y el reposo de la naturaleza.  

Hoy nos ocupamos de Litha, celebración que fija el comienzo del verano y coincide con el solsticio. Representa el ciclo agrario centrado en los cereales, momento de gran prosperidad. Además de definir la cosecha que la naturaleza nos regala, también representa la recolección del fruto de lo que hemos sembrado a lo largo de nuestra existencia.

La rueda del año de la tradición celta

El calendario celta es solar-lunar y fue diseñado para alinear las lunaciones con el ciclo agrícola y por ello la posición astronómica exacta del Sol se consideraba menos importante. Según el calendario de Coligny, el año celta tenía doce meses divididos cada uno en dos quincenas. El año se dividía en dos mitades o períodos.  El periodo “claro” correspondiente al verano y a los días largos y el periodo “oscuro” correspondiente al invierno y a las noches largas. Todos los meses comenzaban con la luna llena y la celebración del año nuevo tomaba lugar durante las “tres noches de Samhain”, la luna llena con la posición más cercana entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno. 

Las lunas llenas que marcaban el punto medio de cada cuarto del año dividido por los solsticios y los equinoccios llamados Sabbats Menores marcaban los comienzos de las estaciones: Yule, Ostara, Litha y Mabon; también determinaban las fechas durante las cuales se celebraban las festividades lunares: Samhain, Imbolc, Beltane y Lughnasadh considerados los Sabbats Mayores donde la energía de la naturaleza de cada una de las cuatro estaciones se encuentra en su grado máximo. El año celta comienza con la festividad de Samhain.

A diferencia de los romanos que contaban el tiempo según el número de días, los celtas lo hacían según el número de noches, los meses comenzaban con la luna llena y el cambio de fecha era la puesta del sol. Es muy complejo encontrar una correspondencia regular entre el calendario celta y nuestro actual calendario puesto que nuestras fechas tienen en el calendario celta un valor diferente cada año. Las correspondencias entre los dos calendarios tienen un periodo cíclico cada 19 años aproximadamente.

En la fecha de la celebración de Litha el sol alcanza su cenit en el cielo, es el día más largo del año. La festividad se celebra entre el día 21 y el 24 de junio, dependiendo de la fecha astrológica del solsticio de verano. 

Este fenómeno natural fue tan importante para muchas culturas como la celta y para los druidas, que crearon los famosos “círculos de piedras”, como Stonehenge en Gran Bretaña y Newgrange en Irlanda, que están perfectamente alineados con la salida del sol en los solsticios de verano y de  invierno.

El calendario de Coligny

Foto: Gozitano en Wikimedia Commons

El calendario de Coligny galo se encontró en Coligny, Ain, Francia cerca de Lyon en 1897. Es un calendario luni-solar.

Fue grabado en una placa de bronce, preservado en 73 fragmentos que originalmente eran de 1.48 metros de ancho y 0.9 metros de alto, siendo probable que su origen date del final del siglo II. Está escrito en inscripciones capitales latinas y en idioma galo. La placa restaurada contiene dieciséis columnas verticales, con 62 meses distribuidos sobre cinco años.

El arqueólogo francés J. Monard especula que éste fue grabado por druidas que deseaban conservar su tradición de mantener el tiempo en el período en el cual el calendario juliano fue impuesto a lo largo del Imperio romano.

Litha… fuego, calor y sol

Litha significa fuego, calor y luz solar

Durante la festividad celta de Litha es el momento de compartir, de salir, de bendecir al sol, de disfrutar con los seres queridos, de la naturaleza. Los días son luminosos, la fuerza y belleza del sol que todo lo vuelve prospero. Representa el fin de la oscuridad, de la esterilidad y el comienzo de la época más fértil, donde todo se renueva. Todo lo que evoque el poder de la naturaleza y el del sol.

Se realizaban aquelarres y las hechiceras danzaban alrededor de las hogueras, fabricaban pócimas especialmente poderosas para esta noche mágica, y las leyendas dicen que se desataban los placeres carnales. Se celebra el culto a la vida, a la exuberancia de la naturaleza, al esplendor del sexo, a la alegría del fuego.

Litha, la diosa de la tierra ya está embarazada y se promete fértil, igual que las tierras y sus cosechas.  El dios del sol también se hace protagonista pues ha llegado el momento de su mayor fortaleza.

Cernunnos, dios celta de la fertilidad

El dios Cernunnos es el rey de la fiesta, pues él es el señor de los bosques y se celebran fiestas en su honor.

Cerunnos es el espíritu masculino animal. Su rasgo más vistoso son los cuernos de ciervo. Está relacionado con la virilidad masculina, la regeneración de la naturaleza, la abundancia, la tierra y los instintos animales.  

La naturaleza de Cernunnos es esencialmente terrenal. Se le representa con las orejas y los cuernos de un ciervo y lleva un torque, especie de collar galo, al cuello y en la mano. Está a menudo acompañado por una serpiente con cabeza de carnero o simplemente, con cuernos. Aparece como el amo de los animales salvajes, terrestres y acuáticos; manifiesta la fuerza, el poder y la perennidad de la vida.

Cernunnos  conecta con la abundancia de la vida.  Dicen las leyendas que llevar su figura como amuleto hace próspero en riqueza, salud y sexualidad. También los druidas utilizaban su imagen como pentáculo para sus curas, invocándolo para sanar animales y personas. Cernunnos es el Dios protector de mascotas y animales.

Los ritos

Los ritos de Litha 

La celebración era una fiesta de magia fuerte y poderosa, donde se buscaba la conexión y la comunicación con los espíritus de la naturaleza. Durante Litha, los velos entre los mundos eran delgados, los portales entre los campos que conocemos y los mundos del más allá se abrían, por lo que era un momento excelente para los ritos de adivinación. Esto es común a la celebración de Samhain.

Era común que las parejas de novios se dieron la mano y saltaran por encima de las brasas del fuego tres veces para asegurarse un matrimonio largo y feliz, incluida la prosperidad económica y muchos hijos.

Se pensaba que las brasas de la hoguera de la celebración de Litha, ya carbonizadas, poseían poderes protectores, pues eran amuletos contra lesiones y malas cosechas y eran comúnmente colocadas alrededor de los campos de cereales y huertos para proteger los cultivos y garantizar una abundante cosecha.

Los bosques solían ser visitados con frecuencia durante la celebración, pues se creía que era el mejor momento del año para recolectar plantas medicinales.

El agua también era símbolo de celebración y era común que hombres y mujeres se bañaran en ríos y lagos durante el solsticio con el objetivo de renovarse, purificarse, rejuvenecer o ser más fértiles.

En la fiesta antigua de Litha es habitual el uso guirnaldas y coronas de flores, se hacían sombreros con las flores amarillas de la hierba de San Juan, girasoles y otras flores amarillas.

La festividad se celebra entre el día 21 y el 24 de junio, dependiendo de la fecha astrológica del solsticio de verano. En ese momento el sol alcanza su cenit en el cielo, es el día más largo del año; parece colgar sin moverse en el firmamento.  La palabra solsticio que deriva del latín para indicar que el curso del sol se estaciona justo en la mitad, deteniéndose un rato antes de retomar su camino y dando origen al día más largo del año.

Los símbolos

Los símbolos de Litha

Los principales símbolos de la fiesta de Litha son el fuego,el agua, la espada, el dios celta Cernunnos, la diosa embarazada Litha y el sol símbolo del solsticio de verano.

Prepara tu rito

Plantas, hierbas y especies

Lavanda, manzanilla, lirio, sauco, hinojo, espliego, hierba de San Juan, verbena, canela, caléndula, árnica, Santa María, diente de león, artemisa

Flores

Girasol, lavanda, margaritas,  flores amarillas,  azucena, clavel

Inciensos

Limón, rosa, lavanda, pino, roble, menta, tomillo, romero

Colores

Naranja, amarillo, rojo, verde y blanco

Piedras

 Ámbar, jade, ojo de tigre, ojo de gato, jaspe, citrino, peridoto, venturina, rubí, esmeralda, cuarzos

Bebidas

 Aguas con frutas de la estación

Comidas

Frutas frescas, nueces, cacahuates, semillas, flores, cítricos, verduras, sopas frías, hojaldres, alimentos vegetarianos

Manualidades para el ritual

Elaborar hadas, grimoire herbal, ojos de dios, almohada del sueño, pentáculo con flores y hierbas, recolectar agua de lluvia

De la celebración celta de Litha

a la Noche de San Juan

El emperador bizantino Teodosio se empeñó en perseguir a todos aquellos que practicaban los cultos paganos cuando, en el siglo IV, declaró el cristianismo como religión oficial del Imperio Romano de Oriente y Occidente, en el Edicto de Tesalónica

Lo que no llegaría a saber el Emperador es que su decreto no sería del todo consolidado por sus aliados cristianos. Gran parte de las festividades religiosas que celebramos hoy en día contienen un origen pagano. Por mucho ahínco que Teodosio y sus descendientes pusieran en acabar con los rituales que consideraban herejes, la realidad es que estos acabaron por formar parte de la cultura cristiana.

La leyenda del Sol y la Tierra fue reemplazada

por el relato bíblico de San Juan Bautista,

pero sin renunciar a los ritos paganos del fuego y el agua.

La noche de San Juan es uno de los ejemplo más significativo. Las sociedades cristianas absorbieron esta tradición de origen pagano, convirtiéndola en la conmemoración de la natividad de San Juan Bautista, quien había nacido, según la Biblia, el 24 de junio, coincidiendo con el día próximo en que las antiguas civilizaciones celtas habían honrado al Sol.

Pero cuando Roma y el Cristianismo se impusieron, esta festividad adoptaría un significado menos mágico. La leyenda del Sol y la Tierra fue reemplazada por el relato bíblico de San Juan Bautista, el santo que guardaba relación con el fuego, la hoguera que su padre Zacarías encendió cuando nació, y el agua, el bautismo de Jesús en el río Jordán. Pese a este cambio, los cristianos no renunciaron a seguir encendiendo enormes hogueras alrededor de las cuales celebraban los ritos, ya que permaneció la costumbre de quemar lo malo para atraer lo bueno. Eso sí, siempre bajo la presencia de la cruz cristiana. De esta manera, se consolidó una celebración que mezclaba la tradición latina con el ritual pagano, hasta hacerse muy tradicional en todos los rincones del mundo.

NOTA DEL AUTOR

Cabe destacar que la cultura celta, especialmente sus ritos, mitos y ceremonias eran transmitidas por la tradición oral de los druidas a sus pupilos. Como cultura no dejaron un legado escrito. Por ello, la mayor cantidad de información que se tiene de estas tradiciones proviene de historiadores y autores romanos y griegos y posteriormente de los cristianos.

IMarie Nuñez
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Ostara, la celebración celta de la primavera.

Equinoccio de primavera… tiempo de oportunidades.

El mundo mágico de los Celtas se rige por la rueda del tiempo que marca ocho festividades fundamentales para el desarrollo de la vida.

Estos rituales ancestrales se relacionaban estrechamente con los cambios estacionales: los solsticios, equinoccios, las épocas de cosecha y siembra, de luz y oscuridad, de nacimiento y muerte.

Durante Ostara, una de las ocho festividades de la rueda del año celta, se celebra la llegada de la primavera, en esta oportunidad con rituales diurnas. Se festeja durante el equinoccio de primavera, en el hemisferio norte, cercano al 21 de marzo.

Esta celebración marca el fin del invierno, de la época oscura, donde el esposo hijo y amante de la Diosa, después de los meses invernales en la muerte, da inicio a la época del renacimiento y de la luz. Es la época en que la Diosa despierta de su descanso y cubre la tierra con su fertilidad, por lo cual se relaciona a la festividad con las deidades femeninas de la fertilidad, donde la Diosa, recupera su aspecto de doncella.

 

 

 

Según las antiguas leyendas celtas, para la naturaleza y sus criaturas el equinoccio es el momento del encuentro entre la Diosa y el Dios Niño, los rituales de sus bailes, del enamoramiento y la transformación.

El término viene del nombre de la antigua Diosa alemana de la fertilidad y de la primavera, Eostre, Oestara u Ostara, cuyo símbolos son las guaridas de las liebres, los huevos de los pájaros, las mariposas y sus larvas y la Luna nueva.

Es considerado el periodo del año en el cual los cuatro elementos: Aire, Fuego, Agua y Tierra, se encuentran en su fase de mayor potencia: el aire está alegre por los vientos suaves; el fuego de Aries empieza su obra de transformación; las lluvias de primavera quitan la sed y preparan los campos; la tierra está más exuberante que nunca.


 

Rituales Celtas 

 

 

 

 

Los Celtas celebran el equinoccio de primavera a través del símbolo del laberinto. Dibujaban en la tierra los espirales y los delimitaban con plantas y frutos. En los tiempos difíciles el laberinto significaba salida, apertura de nuevos caminos, cambios y renacimiento.

 

La leyenda de los huevos de la diosa Ostara

También utilizaban los huevos para representar la creación en algunos rituales debido a la creencia de que en ellos habia un “germen que brota y crea vida en su interior”. El renacimiento de la primavera lo simbolizaban con el huevo, decorándolos con los anagramas sagrados.

Cuanta la leyenda que la Diosa Madre convocó a todos los animales del bosque para celebrar el final del invierno. Todos quisieron obsequiarla con los mejores regalos, pero la liebre era muy pobre. Buscó y buscó en su madriguera pero lo único que tenía era un huevo. Lo cogió con cuidado, lo vació para preparar un postre que ofrecer a su Diosa.

 

 

 

 

 

 

Muchas son las maneras de celebrar Ostara en la vida moderna. Los celtas nos han legado rituales de su cultura milenaria transmitidas hasta nuestros tiempos: Se abren las ventanas para dejar que el viento cruce toda la casa, limpiando la influencia del invierno; se decora la casa con las flores de primavera y con velas en tonos amarillo, malva, celeste y verde; se cuidan las  flores nacientes en los jardines y en los campos; se preparan tartas y dulces que se decoran con huevos pintados, con colores alegres y luego estos se esconden en  los jardines, donde los niños juegan en divertidas competencias para encontrarlos; se disponen los huevos decorados en un círculo de velas color pastel junto con macetas con flores primaverales.

 

 

 

 

 

El equinoccio de primavera sigue siendo un momento propicio para comenzar nuevos proyectos, para comunicarnos con el mundo y fomentar la creación y la esperanza.

 


En el cristianismo, celebramos la resurrección de Jesús, Pascua o Easter, así como su mensaje de amor y vida para la humanidad.

Resurrección de Cristo, Tiziano 1542-44. Palacio Ducal de Urbino, Italia.


 

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