Victor Hugo y su Notre-Dame

 

La historia detrás del cuento…

 

 

Victor Hugo, además de ser el mayor exponente del romanticismo en la literatura francesa, fue un ciudadano comprometido, activista, luchador social y político, al punto que sus discursos sobre la miseria, los asuntos de Roma y la ley Falloux lo hicieron romper filas con el partido Conservador; esto a pesar de haberse presentado a las elecciones de 1848 en apoyo de la candidatura de Napoleón III Bonaparte.  

 

Sus denuncias sobre las ambiciones dictatoriales de Bonaparte, lo llevaron en 1852 a la edad de cincuenta años, a un exilio de casi veinte años, que comenzó en Bélgica, y continuó en el Reino Unido, estableciendo finalmente su residencia en 1856 en Guernsey, un isla en el Canal de La Mancha, frente a la costa de Normandía. Allí permaneció, en su propiedad Hauteville-House, hasta 1870. Desde el exilio, denunció sin tregua los vicios del régimen gobernante y rechazó, en 1859, la amnistía que le ofreció Napoleón III. 


 

Teniendo veintinueve años, y con gran determinación, el joven escritor francés protestaba por el abandono que sufrían las iglesias medievales y lamentaba que quizás Notre-Dame “desaparecía pronto de la faz de la tierra”.  Victor Hugo veía a la arquitectura gótica “como una parte esencial de la historia de Francia” y creía que estaba seriamente amenazada por el movimiento barroco. Con apenas veintitrés años, en 1825,  ya había publicado un folleto titulado ¡Guerra contra los demoledores! donde afirmaba:    

 

Quién sabe qué edificios se están construyendo, con la ridícula pretensión de ser griegos o romanos en Francia, que no son romanos ni griegos, mientras otras estructuras admirables y originales están cayendo cuando su único delito es ser francesas por origen, historia y propósito.

 

Un apasionado de la arquitectura gótica, compara la fortaleza de estas obras con la fragilidad de las piezas nacidas de la imprenta de Gutenberg. Dice: “¡Qué precaria inmortalidad la del manuscrito! ¡Un edificio es un libro mucho más sólido, duradero y resistente! Para destruir la palabra escrita bastan una antorcha y un turco. Para demoler la palabra construida, hace falta una revolución social”. 

 

 

Para ese momento, ya había destacado en el mundo literario, había fundado la revista Le Conservateur littéraire, junto con sus hermanos; había publicado su primera obra poética: Odas y poesías diversas y su drama Cromwell, en cuyo prefacio rechaza las reglas del teatro neoclásico  y proclama el principio de la “libertad en el arte” .

 

 Notre-Dame, símbolo de poder y agresión 

Iniciada su construcción, en la Île de la Cité , en 1163 bajo el reinado de Luis VII el Joven (1120-1180) gracias al impulso del obispo Maurice de Sully (1105-1196) y terminada en 1345 durante el mandato de Felipe VI el Afortunado (1293-1350), la importancia de la catedral de Notre-Dame no solo radica en su mezcla de estilos que abarcan desde el gótico temprano hasta el neogótico, sino en su conversión a partir de la segunda mitad del siglo XIX en uno de los íconos de la ciudad de París. Es una de las catedrales góticas más antiguas y la tercera más grande del mundo, después de la de Colonia, Alemania y la de Milán, Italia. 

Vista del interior de la Cátedral de Notre-Dame, 1789. Les collections | Paris Musées

Durante sus ocho siglos de existencia, el templo ha sufrido serios daños en varias ocasiones, pero fue durante la Revolución Francesa, entre 1789 y 1799 cuando sufrió la mayor destrucción. 

En 1793, tras la decapitación de Luis XVI, las autoridades revolucionarias ordenaron la destrucción de todos los símbolos de la realeza. Notre-Dame fue saqueada por ser considerada “un símbolo del poder y de la agresión de la Iglesia y la monarquía”. 

Los revolucionarios decapitaron las estatuas de los portales y de la Galería de Reyes, basados en la creencia popular iniciada desde la Edad Media, que decía que las esculturas representaban a los reyes de Francia, pero que en realidad representaban a los reyes de Judá, ancestros de Cristo, y no a los reyes galos como popularmente se pensaba.

Notre-Dame fue convertida en templo para el culto de la Libertad y la Razón; serviría como mercado cubierto y almacén de mil quinientos toneles de vino destinados al Ejército del Norte.

También fue desmantelada la aguja, una joya del siglo XIII. Con el plomo del techo fabricaron balas; fundieron las campanas de bronce para hacer cañones y destrozaron muchas de los vitrales. 

 

Fête de la Raison (1793), grabado anónimo, Bibliothèque Nationale de France, París. En medio de una ambientación de la antigüedad clásica, donde desaparecen todas las referencias a la catedral de Notre-Dame, algunas jóvenes, sacerdotisas de la filosofía, celebran el culto de la diosa «Razón», personificada por una joven vestida con una túnica y un gorro frigio, encarnación de la República francesa.

 

Hacia fines del siglo XVIII, el templo había quedado convertido en una sombra de su época gloriosa. La catedral regresó a las manos de la iglesia Católica en 1801, pero nadie detuvo el deterioro.

 

Saqueada, utilizada como almacén y caballerizas y finalmente abandonada a su suerte durante décadas, en los años 30 del siglo XIX Notre-Dame se encontraba en un serio estado de degradación. Notre-Dame, la sede y el claustro, 1830, litografía publicada por Theodor Josef Hubert Hoffbauer. Brown University Library, Providence, Rhode Island.

 

Indignado por la situación en que se encontraba la icónica catedral y motivado por su gran pasión por la arquitectura gótica, en 1831, Víctor Hugo publicó la novela romántica Notre-Dame de Paris / Nuestra Señora de París, ambientada en el siglo XV y que cuenta la historia trágica del jorobado Quasimodo, que cuida de las campanas de la catedral y que se enamora de la gitana Esmeralda.

Aprovechará el contrato firmado en 1828 con el editor Charles Gosselin para escribir una novela histórica, ambientada en la Edad Media en la línea de Walter Scott, de gran éxito en Francia. Tras la revolución de julio de 1830 que significó la caída de los Borbones, redactó en pocas semanas su obra Notre-Dame de Paris / Nuestra Señora de París, cuya primera edición  se publicó el 16 de marzo de 1831. 

 

 

En la época en que el autor francés escribió el libro, “los parisinos consideraban que los edificios medievales eran vulgares deformaciones monstruosas”, cuenta el escritor y arquitecto Richard Buday en un artículo publicado en  la página web Arch Daily en 2017.  “La historia gótica de París estaba siendo demolida en nombre de proyectos más respetables, si no más rentables. Víctor Hugo estaba alarmado”, añade Buday.

 

 

“Y la catedral no era sólo su compañía, era su universo, era toda su naturaleza. No soñaba con otros setos que los vitrales siempre en flor, con otras umbrías que las de los follajes de piedra que se abrían, llenos de pájaros, en la enramada de los capiteles sajones, otras montañas que las colosales torres de la iglesia, otro océano que París rumoreando a sus pies”. 

EXTRACTO DE NOTRE-DAME DE VICTOR HUGO

 

La obra “tuvo un impacto tan dramático en la actitud del público francés hacia el patrimonio que ese mismo año el gobierno estableció la Comisión de Monumentos Históricos”, dice Suzanne Nash,  experta en literatura francesa y profesora emérita de la Universidad de Princeton, en los Estados Unidos .

Ante el clamor popular, doce años después de la publicación de Notre-Dame, el rey Luis Felipe I ordenó, la restauración del monumento en 1844.  El movimiento de opinión creado por la obra de Victor Hugo condujo a la decisión de establecer un concurso en el que participaron varios arquitectos, entre ellos Eugène Viollet-le-Duc y Jean-Baptiste Lassus, cuyo proyecto de rehabilitación del templo fue aceptado en 1844.  En julio de 1845, se votó una ley para restaurar la catedral.

Cuando comenzarón las obras  en 1845, Víctor Hugo participó activamente en un comité de tres personas que supervisó el proyecto. 

Con su pluma, Victor Hugo había logrado su objetivo. 


 

 

 

 

En la nota redactada por el novelista con motivo de la publicación de la edición definitiva de su obra en 1832, afirmaba que su libro era un grito contra “la decadencia actual de la arquitectura y sobre la muerte”.

En otra ocasión escribió: “Notre-Dame de Paris /Nuestra Señora de París quizás haya abierto realmente algunas perspectivas sobre el arte de la Edad Media, sobre este arte maravilloso hasta el momento desconocido por unos, y lo que es todavía peor, mal apreciado por otros”.

“Pero el autor se encuentra muy lejos de considerar finalizada la tarea que se impuso de forma voluntaria”, continuaba Victor Hugo. “Ya ha abogado en más de una ocasión en favor de la causa de nuestra vieja arquitectura, ya he denunciado en voz alta muchas profanaciones, muchas demoliciones, muchas irreverencias. Y seguirá haciéndolo”.

 


 

Panorama de París desde la torre de St. Jacques, 1865. Fotografía por Charles Soulier, fotógrafo del emperador Napoleón III, Library of Congress, Washington DC. USA. Puede apreciarse de forma prominente la catedral de Notre-Dame reconstruida, ya con su característica aguja.

La restauración de la catedral de Notre-Dame se extiendió durante diecinueve años, casi los mismos que el exilio de Victor Hugo, y culmina en 1864.  Consistió en la construcción de una nueva aguja central, una nueva sacristía, de un nuevo órgano y la instalación de nuevas estatuas y vitrales. También se añadieron las famosas gárgolas y quimeras que vigilan a los visitantes desde la fachada.


Regreso del exilio

Retrato de Victor Hugo, Morot, Aimé

Tras la caída de Napoleon III,  Victor Hugo regresa a  París en 1870, a los sesenta y ocho años, y vio la  restauración de la catedral de Notre-Dame  concluida. En 1876, obtuvo el escaño de senador de París, posición desde la que defendió la amnistía de los partidarios de la Comuna.

Fue considerado un héroe de la Tercera República francesa. Se posicionó públicamente contra la pena de muerte, contra la prevalencia de cualquier religión, a favor de los derechos humanos, de la educación pública y gratuita, de los derechos de las mujeres y fue uno de los primeros europeístas convencidos, ya que propugnaba unos estados unidos europeos, algo parecido a lo que hoy en día es la Unión Europea. 


El poeta, dramaturgo y novelista francés, considerado el máximo exponente del Romanticismo en su país, falleció, a los 83 años, en París, el 22 de mayo de 1885, en su residencia en lo que hoy es el número 124, de la Avenida Víctor Hugo, y que, por entonces, se llamaba La Princesse de Lusignan

 

 

 

 

Es el combate del día y la noche. Veo la luz negra. 

 

 

palabras de Victor Hugo en su lecho de muerte
(Besançon, Francia, 1802 – París, 1885) 

 


Victor Hugo fue tratado con honores de estado y a su muerte estuvo expuesto bajo el Arco del Triunfo como un héroe nacional. Inicialmente, fue enterrado en el cementerio Pere-Lachaise, pero poco después sus restos fueron trasladados a la Iglesia de Santa Genoveva, circunstancia que aprovechó el gobierno galo, para transformar el templo en un panteón. 

 

Place du Panthéon, 75005 Paris, Francia

http://www.paris-pantheon.fr

 


El incendio de Victor Hugo

Fotografia: Fotomontaje SEMANA / AFP

“Todas las miradas se dirigían a la parte superior de la catedral y era algo extraordinario lo que estaban viendo: en la parte más elevada de la última galería, por encima del rosetón central, había una gran llama que subía entre los campanarios con turbillones de chispas, una gran llama revuelta y furiosa, de la que el viento arrancaba a veces una lengua en medio de una gran humareda.

Por debajo de aquella llama, por debajo de la oscura balaustrada de tréboles al rojo, dos gárgolas con caras de monstruos vomitaban sin cesar una lluvia ardiente que se destacaba contra la oscuridad de la fachada inferior. A medida que aquellos dos chorros líquidos se aproximaban al suelo, se iban esparciendo en haces, como el agua que sale por los mil agujeros de una regadera.

Por encima de las llamas, las enormes torres, de las que en cada una se destacaban dos caras, una toda negra y otra totalmente roja, parecían aún más altas por la enorme sombra que proyectaban hacia el cielo. Sus innumerables esculturas de diablos y de dragones adquirían un aspecto lúgubre y daba la impresión de que la inquieta claridad de la llama les insuflara movimiento. Había sierpes que parecían reír, gárgolas que podría creerse que aullaban, salamandras que resoplaban en las llamas, tarascas que estornudaban por el humo; y entre todos aquellos monstruos, despertados así de su sueño de piedra por aquella llama y por aquel clamor, había uno que andaba y al que, de vez en cuando, se le veía pasar por el frente de la hoguera como un murciélago ante una luz.

Seguramente aquel extraño faro iba a despertar, a lo lejos, al leñador de las colinas de Bicetre, temeroso al ver temblar sobre sus brezos la sombra gigantesca de las torres de Nuestra Señora”

EXTRACTO DE NOTRE-DAME DE VICTOR HUGO

 

Puedes leer la biografía de Victor Hugo aquí:

 

La catedral Nuestra Señora de París fue declarada monumento histórico de Francia en 1862, dos años antes de culminar su primera gran restauración. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad, incluído su ámbito de las “Riberas del Sena en Paris” en 1991 por la UNESCO.

Casi 200 años después, un clamor universal se repite para salvar una vez más el icónico monumento después del incendio del 15 de abril de 2019. El gobierno de Francia, por iniciativa de su presidente Emmanuel Macron, lanzará un concurso de arquitectura para su reconstrucción y el congreso debate una ley para su restauración.

 


 

A los 134 años de su muerte,

¡Victor Hugo vive!

Goethe y la cafeína

 

Goethe en la campiña romana es un óleo sobre lienzo realizado por el pintor y grabador alemán Johann Heinrich Wilhelm Tischbein (1787), Städel Museum Frankfurt am Main, Alemania.

Aunque la historia siempre lo reconocerá como uno de los padres del romanticismo, y uno de los exponentes más brillantes y prolíficos de la literatura alemana del siglo XIX, la gran ilusión de Johann Wolfgang Goethe fue que  el mundo de la ciencia lo valorase como científico, algo que nunca sucedió a pesar de que dedicó años a investigar la luz y los colores, estudió mineralogía, botánica y descubrió el hueso intermaxilar de los vertebrados. Además, fue el propulsor del descubrimiento de la cafeína. 

Nació en el seno de una familia burguesa en Frankfurt el 28 de agosto de 1749. Su padre Johann Caspar Goethe, fue un abogado y consejero imperial que se retiró de la vida pública y educó a sus hijos él mismo, bajo la máxima de “no perder el tiempo en lo más mínimo”.  Sus vinculaciones familiares lo conectaron desde muy joven con el patriciado urbano y la vida política de su época.

De inteligencia superdotada y al extremo curioso, experimentó en muchos campos y acumuló una inmensa cultura, estudiando lenguas y derecho.  Aunque sus inclinaciones eran hacia el arte y nunca dejó de cultivar el dibujo,  al tiempo que escribía sus primeros poemas, se interesó por otras ramas del conocimiento como la geología, la química y la medicina.

SU PASIÓN POR EL CAFÉ

Goethe era un verdadero apasionado del café y curioso como era se tomó muy en serio su estudio por los efectos que la bebida le causaban.

En un encuentro con el joven científico Friedlieb Ferdinand Runge, al que había invitado a su hogar para que le revelara los resultados de un experimento que realizaba Runge con extracto de belladona sobre su propio gato, le instó a analizar unos granos de café para descubrir qué propiedades escondían. Runge logró identificar la cafeína en su laboratorio, por lo que históricamente se le considera el responsable de su descubrimiento.

Friedlieb Ferdinand Runge, Getty Image


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     A ti te debo todo mi vigor, pasión sin tasa,  

débote, inclinación, culto y locura.

Johann Wolfgang Goethe

 


 

Con una generosa actividad literaria en todos los géneros, sus obras más memorables son Los sufrimientos del  joven Werther (1774), obra que causó furor en toda Europa y que constituyó la novela paradigmática del nuevo movimiento que estaba naciendo en Alemania, el Romanticismo; Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister (1795), novela de formación que influiría notablemente en la literatura alemana posterior; el poemario  Elegías Romanas (1795);  Fausto (1808), en la que trabajaría hasta su muerte; en ella, la recreación del mito literario del pacto del sabio con el diablo sirve a una amplia alegoría de la humanidad.

Ingresó a la Masonería en 1783, a los 34 años. En 1830, dos años antes de su muerte, Goethe compuso el poema Para la fiesta de San Juan en celebración a su cincuentenario como miembro de la masonería, la cual tuvo una gran influencia en su obra, especialmente en Fausto.

Murió a los 83 años en Weimar, Alemania el  22 de marzo de 1832.


Te encantará leer su biografía aquí:

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/goethe.htm


 

 

Si quieres saber más sobre este fascinante personaje, puedes pasearte por la obra del celebre biógrafo alemán Rüdiger Safranski, Goethe, la vida como una obra de arte.  En ella Safranski muestra lo interesante, y ejemplar, que hubo en Goethe como autor y persona. Sin aportar nada nuevo sobre los hechos vitales de Goethe, archiconocidos, ofrece una visión fresca del personaje, alejada de prejuicios interpretativos. Safranski ha puesto empeño en resaltar el carácter y los avatares del alma de Goethe. Se esmera en describirnos la intimidad del hombre con sus ansias de vida, verdad y libertad. Curioso es que tamaña personalidad dijera que nunca había sido “feliz”, y ésta es una paradoja que tratará de explicar Safrasnki en su obra.

https://www.amazon.com/Goethe-Life-as-Work-Art/dp/0871404907

https://www.casadellibro.com/libro-goethe-la-vida-como-obra-de-arte/9788490661079/2524991

 

 

 

La Editorial Sexto Piso recientemente publicó una nueva edición de Las penas del joven Werther, novela que narra la historia de un joven que se ha enamorado de una mujer a punto de casarse con otro; ella se casa y siguen siendo amigos, pero él se desespera y se pega un tiro. Hasta ese desenlace fatal, asistimos atónitos a un relato que cautiva por su modernidad. Werther es una obra redonda y fue un éxito de ventas por lo atrevido de sus ideas: amor sin cortapisas, crítica de las convenciones hipócritas, elogio de la vida libre de quien huye de los cargos de funcionario y demás osadías del joven Werther con su melena al viento en época de pelucas empolvadas.

http://sextopiso.mx/esp/item/265/191/las-penas-del-joven-werther

 

 

 

 

 

 

Y para aquellos que sientan curiosidad por la historia del descubrimiento de la cafeína en 1819 por Friedlieb Runge, un joven médico alemán, como resultado de su encuentro con el ya septuagenario Goethe, pueden pasearse por El mundo de la cafeína. La ciencia y la cultura en torno a la droga más popular del mundo (Winberg, Bennett Alan y Boniie K. Bealer, FCE, 2012). Esta publicación puede bajarse del portal del Fondo de Cultura Económica de México.

 

 

www.fondodeculturaeconomica.com/subdirectorios_site/libros…/publication.pdf

 

 

 

 

DE JOHANN WOLFGANG GOETHE

EL TALENTO SE NUTRE DE LA SOLEDAD;
EL CARÁCTER  SE FORMA EN LAS
TEMPESTUOSAS OLEADAS DEL MUNDO.
 

Johann Wolfgang Goethe

 

Biografía

Victor Hugo… libertad en el arte.

Celebrando el romanticismo 

a los 216 años del nacimiento de 

Victor Hugo 

 

Francia, Febrero 26, 1802 – Mayo 22, 1885


No hay nada mas poderoso

que una idea a la que

le ha llegado su tiempo.

Victor Hugo y sus amigos durante el exilio en Guernesey, Reino Unido    (Colección Deutchs/CORBIS)

 

 

 

 

 


 

 

Biografía